martes, 4 de septiembre de 2012

Editorial de la Llamarada N12 | Entre el hambre y las ganas de comer | Conseguí la Llamarada!


Ya salió la Llamarada N12! 
[Organo de Difusión de la Agrupacion Hombre Nuevo]
Compartimos la Editorial:


Entre el hambre
(y las ganas de comer)

-¿Qué se puede comer con seis mangos por día?- pregunta un vecino a un canillita. –Puede comer mentiras, muchas mentiras. Salvo los domingos, que los diarios cuestan más caros- le contesta el vendedor de diarios, y los dos sonríen. Las cifras del INDEC han dejado de desatar la polémica para abrir paso a la risa. Cuando esas cifras que insultan la inteligencia y ofenden a quienes pasan hambre nos plantean que en nuestro país se puede comer con $6 diarios, los números oficiales acerca de la pobreza y la indigencia también pasan a ser objeto de duda, o directamente, de burla. Para esas estadísticas oficiales, en el segundo semestre de 2011, en las áreas urbanas existía un 6,5% de pobres y un 1,8% de indigentes (Encuesta Permanente de Hogares; www.indec.mecon.ar). Para las diversas mediciones alternativas, la pobreza oscila entre el 20% y el 30%, y la indigencia entre el 8% y el 12%, según la fuente del estudio.
Lo cierto es que con seis pesos al día, según qué diario se elija, es posible empacharse de mentiras. En un caso, se podrán leer las cifras oficiales que muestran un país que crece con equidad, y artículos de opinión y crónicas justificando a los más groseros funcionarios y sus trastadas más indigeribles; en otro, se podrán leer críticas y operaciones de prensa que intentan morder al oficialismo generalmente por derecha. En ese falso debate, donde el punto de vista de los trabajadores y sus intereses está ausente, si el hígado lo permite, pueden apreciarse escenas realmente increíbles. Puede llegar a verse en la TV cómo Formosa es una provincia que trata cortésmente a los díscolos Qom, que pese a la proliferación de obra pública y planes de vivienda, insisten en vivir en ranchos insalubres. O si se mira otro canal, se puede evidenciar cómo este gobierno, presunto heredero de los Montoneros, se parece cada vez más al chavismo y, por qué no, al castro-comunismo.
Mientras los medios del oficialismo y los de la oposición se entretienen intercambiando algunos manotazos y deformando la realidad, hay hechos que quedan fuera de la agenda de ambos. ¿Qué comerán, realmente, los millones que deben sobrevivir con unas monedas al día, monedas que cada vez alcanzan para menos? ¿Qué hay de aquellos que trabajan en negro, muchas veces sin derecho a enfermarse o a descansar un domingo, a tener vacaciones o a poder jubilarse, y que son cerca de un tercio de los laburantes? ¿Qué llevan a su mesa los jubilados que ganan la mínima, que vienen a ser casi 8 de cada 10? ¿Qué hay de los cooperativistas del Plan Argentina Trabaja, que siguen reclamando la actualización de sus ingresos? En Córdoba, los trabajadores que no quieren que les arrebaten sus aportes previsionales, mastican balas de goma y gases…
Comparten el menú los trabajadores que cortan la ruta cerca de Orán, en Salta, reclamando a los empresarios de El Tabacal que los reincorporen. El progresismo del gobernador Urtubey termina allí donde empiezan los piquetes y la impaciencia de los de abajo, y se registran más de 20 heridos por la represión  de gendarmes y policías. Otro tanto hay para la CCC y Barrios de Pie, movimientos sociales que cortaron la Panamericana a la altura de Pacheco: a ellos, los gendarmes los apalearon y llevaron detenidos nada menos que a Campo de Mayo. El ex–carapintada, actual Secretario de Seguridad, Sergio Berni, aplaudió públicamente la medida que él mismo ordenó. Nada se escuchó decir en torno a esto a la autodenominada intelectualidad crítica; parecería que desde “Carta Abierta” se agota la munición cuando hay que disparar por encima del hombro, cuando el posicionamiento es menos obvio y excede expedirse sobre si es o no justo que los chicos lean El Eternauta en los colegios porteños. Desde la prensa, ni los entusiastas defensores de funcionarios ni los fieles empleados de monopolios privados; ninguno de los grandes bloques que dominan la escena informativa, le dan -siquiera por un rato- la palabra a los que sufren la represión, a los que pasan hambre.

El nuevo Consejo del Salario, que reúne a Capitalistas, Estado y Sindicatos, mostró una vez más ser monocorde, pese al declamado carácter tripartito. Burócratas sindicales (entre ellos el siempre obsecuente Hugo Yasky y el ex-espía y aún mafioso Gerardo Martínez) y empresarios (entre ellos representantes de la UIA y la Sociedad Rural) participaron del ámbito que acordó un nuevo salario mínimo que, en cuotas, plantea un aumento del 16% en septiembre y otro 9% en febrero del año que viene. De $ 2.300 a $ 2.670; $2.875 para el año entrante, un acuerdo que –por las regulaciones laborales vigentes- afecta a menos de 150.000 trabajadores y que queda bien lejos de la pauta inflacionaria superior al 30%.
Mientras tanto, desde una vereda que no es la del gobierno, pero tampoco la nuestra, siguen amontonándose viejos caciques. Allí se encuentran muchos antiguos compañeros de ruta del oficialismo, como es el caso más saliente, tal vez, el del gángster-sindical que es Moyano. Ellos sí comen. Y brindan. El 15 de agosto pasado celebraron los 100 años de una entidad que supo reunir a chacareros que peleaban contra los latifundistas y hoy son obedientes discípulos de los estancieros. Para el centenario de la Federación Agraria, y el almuerzo de camaradería que brindó esta entidad patronal, se juntaron a comer y posaron para las cámaras Hugo Biolcatti, de la Sociedad Rural Argentina;  el derechista empresario colombiano Francisco De Narváez; el ex vicepresidente radical Julio Cobos; el ministro de la devaluación duhaldista –luego kirchnerista, pero ya no- Roberto Lavagna; el gobernador sojero de Santa Fe, Hermes Binner; el joven Alfonsín, parodia de su padre; los representantes sindicales “Momo” Venegas, co-responsable del trabajo semi esclavo y el envenenamiento con agrotóxicos de los peones rurales en tantas y tantas estancias de nuestro país; Hugo Moyano, ahora disidente, pero igual de empresario y mafioso que siempre; y Pablo Micheli, referente de una CTA que parece haber perdido el rumbo y sin aviso de retorno. Otro de los invitados, el ex presidente Duhalde, responsable de la masacre de Darío y Maxi, pegó el faltazo aunque envío saludos a los comensales. La comida contó además con saludos del MST y el PCR. Y, lógicamente, con la moderación del anfitrión, Eduardo Buzzi. El F.A.P. de Binner y sus más encumbradas visitas; todos juntos, para dar rienda a la rosca de cara a 2015.
Mientras los sacudones de la crisis empiezan a sentirse, gobierno y oposición reparten los roles. “Que dios vela por los pobres/ tal vez sí, o tal vez no/ pero es seguro que almuerza/ en la mesa del patrón”, cantaba Atahualpa Yupanqui. En la mesa del gobierno, se tiende el mantel a Monsanto, a la Barrick Gold, entre otros. En la de la pretendida oposición, se sientan latifundistas, el duhaldismo y empresarios, tanto sojeros como industriales, que no tuvieron inconvenientes en sentarse con el gobierno para pactar la miseria salarial en dos pagos. Mientras almuerzan urden intrigas para elegir a quien encabece su armado. Lo que no está en duda, en ninguna de las dos mesas, es cuál va a ser su perfil.
Para la izquierda, para los trabajadores; para los que pelean día a día para llevar algo a su mesa, no cabe sino seguir intentando construir otra cosa, y por otro lado. Mientras viejos conocidos y recién llegados se sientan a reeditar un nuevo Frepaso –y un nuevo fracaso- desde la nueva izquierda tenemos el enorme desafío de marcar un camino que no sea ni el de las alianzas de cabotaje, ni el de la mera denuncia de lo existente. La pelea hoy es por construir una alternativa real para que en nuestro país no haya nadie que pase hambre. Sabemos que la construcción de poder para el pueblo con la meta irrenunciable del socialismo es un proceso largo y trabajoso. Pero también sabemos que con los armados de ocasión y los apurones, se puede llegar siempre antes, pero siempre al lugar equivocado. Con una estrategia que responda a nuestra clase, sin pretender soluciones mágicas ante complejos problemas organizativos, los trabajadores tenemos que abrirnos paso.

Equipo de redacción
La Llamarada


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