martes, 9 de octubre de 2012

A 45 años de la caída del che




8 de Octubre de 1967- 8 de Octubre de 2012
A 45 años de la caída del Che en combate, seguimos luchando por el socialismo.

A casi medio siglo de la caída del Che en la selva boliviana, su legado tiene una enorme vigencia. La burguesía y sus gobiernos han tomado su figura intentando reconvertirla y quitándole su radicalidad, lo han hecho porque su imagen cuenta con un amplio reconocimiento del pueblo trabajador, los estudiantes que se rebelan, los campesinos que resisten. Desde la Agrupación Hombre Nuevo nos proponemos traerlo al presente, no como una pieza de museo, sino como una orientación para las batallas actuales. Si el capitalismo pretendió cosificar al Che, convertirlo en la imagen de una remera, en un aventurero, en un idealista, para quitarle su carácter revolucionario, para lavar el contenido de su lucha; nosotros consideramos que esa cosificación puede ser sacudida por la fuerza de la juventud rebelde y los trabajadores, que lograremos rescatarlo del poster estrecho y frío en el que lo ha querido encerrar ciega y calculadamente el mercado burgués.

Lejos de nosotros, como agrupación política, está el insinuarnos dueños o intérpretes privilegiados del Che: su legado no reconoce “herederos oficiales” sino en los pueblos que luchan por la revolución. Sí creemos, no obstante, que tenemos aportes para realizar en cuanto a su lectura, que es la que orienta nuestra praxis en la cotidiana pelea por un proyecto que nos une: un mundo sin explotación y sin enajenación; una sociedad con hombres y mujeres nuevas. Una sociedad socialista.

La actualidad del guevarismo

Qué reivindicamos del Che

Nos definimos guevaristas por reivindicar un verdadero proyecto radical, antimperialista y anticapitalista y por el socialismo, desde la historia de lucha de nuestro continente para contribuir decidida y firmemente a la revolución a escala mundial. Al definirnos guevaristas nos imponemos la tarea de no ser dogmáticos (lo que no significa, en absoluto, ser eclécticos).
Intentamos hacer propia la concepción de la filosofía de la praxis que encarnó Guevara en todas sus intervenciones ya fueran teóricas como prác­ticas. Compartimos su enfrentamiento inclaudicable con el capitalismo (sea en su versión “seria” o “salvaje”) y el convencimiento de que la ver­dadera liberación para nosotros como clase, como pueblo, y para el conjunto de la humanidad es el comunismo. Rechazamos el mecanicismo dogmático y el etapismo, y defendemos la relación orgánica entre el cambio objetivo y el subjetivo, entendiendo como tarea estratégica construir dentro de nuestra organización y en todos los espacios en los que intervenimos hombres y mujeres nuevos. Nos reivindicamos guevaristas porque sostenemos, teórica y prácti­camente, que hay una relación inescindible entre ética y política, entre fines y medios. La capacidad de intervenir eficazmente en un proceso cambiante, la flexibilidad táctica, no fue en el Che pragmatismo; las decisiones tácticas siempre estuvieron ligadas a los principios. En consonancia con esa perspec­tiva guevarista estamos convencidos de la necesidad de construir una nueva cultura militante. Nos sentimos distantes de la idea sostenida por muchos militantes y organizaciones de que la mera mención a la ética es una desviación idealista. Decir que esto no es política, es vaciarla a la política del contenido mas precioso del corazón de nuestras ideas, porque  la  política a nuestro modo de ver esta atada al cariño, al amor  al pueblo, a los principios, a la  ética, a un estilo de trabajo sin hegemonismo y con muchas dosis de generosidad.
Creemos que desde una perspectiva revolucionaria debemos tomar el desafío de superar la escisión que la sociedad capitalista produce (y reproduce) entre esas dimensiones de la vida social.

Identificamos en el Che el ejemplo de una relación rica y compleja en­tre el trabajo intelectual y la militancia cotidiana. En la actualidad vemos que existe una desvalorización por la teoría, por el estudio, por el rigor intelectual que  puede ser una reacción frente a un intelectualismo vacío, creemos que como gue­varistas debemos apostar a una relación íntima  y armónica entre el desarrollo práctico y el teórico.
Aunque serían muchas más las cuestiones que podríamos mencionar, tomamos del Che su capacidad de autocrítica, su rechazo a la autojustifica­ción de los errores y la apuesta a la unidad basada en la discusión a fondo, en la crítica profunda .

Un aporte central (y poco reconocido por el “guevarismo” actual): sentido del momento histórico

El compañero Néstor Kohan suele señalar cómo cada época reivindica o valora diversos aspectos de la praxis del Che en función de las necesidades de la lucha. Nosotros creemos que hoy necesitamos poner en primer plano un aporte central del Che (como de todos los grandes revolucionarios), des­dibujado en el guevarismo actual. Nos referimos a su sentido del momento histórico. El Che actuó en una etapa de abierto enfrentamiento con el estado, de alza de las fuerzas populares a nivel mundial y en especial en nuestro con­tinente, en una etapa de radicalización de las luchas con desarrollo en todos los niveles, incluido el militar. Las causas de la explotación y la opresión capitalista son las misma hoy que entonces, pero el momento político en nuestro país es otro, y este es el punto central  en el cual tenemos que profundizar el debate par poder intervenir con orientaciones claras, frente a una difícil coyuntura política.
¿Qué significa ser guevarista en esta etapa? Entre el objetivo de tomar el poder y nuestra realidad actual, ¿qué tenemos que hacer en tanto organi­zación política? ¿Cómo tenemos que intervenir en esta etapa en la que la lucha abierta por el poder no está planteada? ¿Qué instancias tenemos que construir? ¿Con la construcción (necesaria) del núcleo de militantes revolu­cionarios es suficiente?

Qué tipo de organización política construir para aportar a la lucha por el poder

Entre quienes apuestan a un cambio radical hay dos perspectivas cen­trales respecto de qué tipo de organización se debe construir para aportar a esa transformación. Por un lado, hay quienes sostienen que la construcción debe centrarse en las organizaciones de base. Por otro lado, hay quienes con­sideran que la clave para que un proceso revolucionario pueda tener lugar en la Argentina es la construcción de una organización política. Dentro del guevarismo que, parafraseando a Dalton, es el leninismo latinoamericano, es esta segunda concepción la más extendida. Por nuestra parte, nosotros de­fendemos la idea de que hay que desarrollar la organización política con un proyecto integral y estamos convencidos de que nuestra concepción resulta mucho más coherente con la tradición del Che y de Lenin que la anterior­mente mencionada.
Teóricamente, la idea de que sólo hace falta el “partido” tiene sus raí­ces en una lectura errónea de las críticas que realizara Lenin al economicis­mo (o, traducido a la actualidad, al basismo, al sindicalismo) en el Qué hacer.

La tajante diferenciación entre el trabajo sindical y el trabajo político viene de arrastre de una apropiación dogmática de la lucha sindical y la lucha política, escrita por Lenin.
Al marcar las diferencias entre la lucha sindical y la lucha política Lenin quería establecer las particularidades de cada una para cuestionar la concepción de que la conciencia política de clase surgiría de la simple evo­lución del trabajo sindical. Enfatiza que la conciencia de clase corresponde a otro tipo de reflexión que descubre la dinámica general del sistema capi­talista, lo que luego Lukács ha sintetizado como conciencia de la totalidad. Sin embargo, no hay una línea en la que pueda encontrarse la afirmación de que los revolucionarios deban dejar librada la lucha sindical a la acción de otras tendencias no revolucionarias y dedicarse en manera exclusiva a una construcción partidaria. La separación tajante entre lucha sindical y lucha política y la posición que surge de ella que concibe a los organismos de base como subsidiarios a la organización política contiene un rasgo autoritario y una dosis (no menor) de desprecio al pueblo. La idea de que la “política” es monopolio de las instancias partidarias y que los organismos o militantes de base sólo pueden interesarse por las cuestiones inmediatas nada tiene que ver con la insistencia de Lenin (y del Che) en la politización de las masas. En la práctica actual, la ausencia de una política sistemática de politización de las bases (de las organizaciones de base, pero también de los militantes de la or­ganización política) se refleja en la falta de recambio en las instancias de di­rección y son, para nosotros, un índice de la debilidad de las construcciones.

Para nosotros, la politización es una tarea crucial en todas las ins­tancias de intervención, ya que consideramos estratégico las organizaciones de base se eleven de lo meramente reivindicativo, que los compañeros que se acercan a ellas adquieran experiencia y formación, así como que vayan asumiendo en forma creciente responsabilidades. En última instancia, consi­deramos que es una tarea indelegable de quienes formamos la organización política aportar a la independencia de clase, a la transformación de los hom­bres y mujeres del pueblo en sujetos (y no objetos) de su historia. Además de las organizaciones de base, venimos apostando a la cons­trucción de organizaciones intermedias en una sana convivencia entre diversas corrientes políticas revolucionarias, con un mayor nivel de definición que las de base pero menor que las definiciones que tenemos como núcleo. Nos oponemos tanto a la línea de que en las organizaciones de base o inter­medias se lleve adelante una política contradictoria (no dialécticamente) con los principios de la organización política, como a la línea que fuerza que estas instancias de base o intermedias suscri­ban el programa de la organización política sin más (o que paguen los costos de las decisiones desacertadas de la misma).
Estamos convencidos de que la participación en instancias interme­dias y de frente único no implica disolverse. En todos estos ámbitos nuestros militantes deben ayudar a una mayor politización, lo que nada tiene que ver con la imposición de decisiones de la organización política. Defendemos además la idea de que la organización política tiene que tener su funciona­miento autónomo, llevar adelante una política específica para cada una de las instancias en la que interviene y encarar tareas propias de partido.
Sintetizando, para nosotros se trata de construir un proyecto integral de organización que contemple los distintos niveles de definición acordes a cada instancia, para que establezca una relación dialéctica (no formal) entre todas ellas y los vasos comunicantes que garanticen que exista una verdadera ligazón interna. Creemos que sólo con una profunda y densa inserción de masas, que no se mide simplemente por “estar” en organizaciones de base o intermedias, sino por la capacidad de hacer que el pueblo se eleve polí­ticamente, avancen en autoconciencia y homogeneidad, se comprometan en un proceso de transformación, sólo de ese modo una organización política tiene la posibilidad de dejar de ser un núcleo de militantes para convertirse en un verdadero partido de clase.

El rol de la juventud

El Che en su discurso durante el II Aniversario de la integración de las organizaciones juveniles revolucionarias en Cuba, planteó “(…) Pero la juventud tiene que crear. Una juventud que no crea es una anomalía realmente”. La interpelación del Che a crear una juventud critica, creativa, rebelde, inconformista, adquiere suma vigencia en momentos actuales donde desde el gobierno se ha construido un discurso en el que se apropian de la participación política de la juventud. Consideramos que el ingreso al debate y la vida política de nuevas camadas es un aspecto progresivo, pero que no comienza con el kirchnerismo. Retomando los aportes del Che, debemos disputar el sentido y la orientación política de estas ideas. Ante los intentos de institucionalización, de cosificación y de simplificación del rol de los jóvenes asimilándolos a la búsqueda de cargos dentro de las estructuras políticas y proyectos políticos de la burguesía, tenemos el desafío de aportar a crear una juventud combativa, rebelde, consciente de su papel dinámico en la transformación revolucionaria de la sociedad.

Cómo se construye la unidad

Finalmente, unas palabras sobre la siempre invocada y pocas veces realizada unidad. Creemos que no podemos seguir hablando de la unidad sin hacer una evaluación crítica (y autocrítica) de las experiencias de unidad que hemos venido impulsando dentro del guevarismo desde los ’90 a esta parte. La unidad no se decreta, ni se salda en un acuerdo entre cúpulas. Requiere de un trabajo militante para procesar las diferencias, para construir una identi­dad, una práctica, una visión común. Creemos que las prácticas viciadas de hegemonismo, el dogmatismo, y la liviandad con que se decide una escisión atentan contra la unidad. No siendo algo simple, nuestra propia experiencia nos demuestra que es posible revertir la naturalización de la fragmentación y que con sistematicidad, confianza política, honestidad y verdadera fraternidad la unidad puede ser sólida y duradera.

Por la revolución y el socialismo.
Agrupación Hombre Nuevo

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