domingo, 29 de mayo de 2011

El Cordobazo sigue siendo bandera



Hoy. Ayer, Hace 42 años, Córdoba se convertía en un hito ineludible de referencia de la lucha popular. El 29 de mayo de 1969 trabajadores y estudiantes pasan a la ofensiva, asumiendo una clara perspectiva de clase, cuestionando y enfrentando un régimen de explotación y miseria.

La movilización de la clase obrera cordobesa contra la dictadura, fue un enfrentamiento contra la represión, por entonces en aumento; contra el incremento de la desocupación, los ataques al salario y a los derechos de los trabajadores. Marcó el inicio de una nueva etapa política, signada por la demostración clara de la potencialidad de la clase trabajadora para dirigir al conjunto de los sectores explotados y oprimidos.

Mientras la burocracia sindical negociaba y aplaudía a Onganía, entre los trabajadores se iba desarrollando una corriente que cuestionaba esta actitud conciliadora, que iba gestando una organización democrática, amplia, independiente y clasista, que entendía que era necesario luchar para liberarse de la dictadura y de la expoliación imperialista. Este sindicalismo combativo, que no restringía la acción gremial a la negociación de los convenios colectivos, que no se sentaba a repartir la torta con los empresarios, confluirá con los estudiantes y el pueblo en general en el “Cordobazo” de 1969.

Ese día Córdoba es una trinchera. Son las trabajadoras, las amas de casa, los obreros y estudiantes que luchan hermanados. Es el pueblo decidido y firme. Son sus hombres y mujeres que levantan barricadas, queman los símbolos de la riqueza y del imperialismo, atacan a la policía y la obligan a retirarse hasta que la ciudad es suya.

Córdoba es libre, es pueblo y es victoria. Es una enorme demostración de capacidad de organización y fuerza popular. La dictadura cae y lleva consigo una herida de muerte.  
Ayer. Hoy. Aquel 29 de mayo tiene una enorme vigencia.

Porque demuestra que es posible que los trabajadores sean una fuerza creciente que esté al frente del proceso de liberación. Pero una liberación que parta de la construcción desde abajo, luchando en defensa de los verdaderos intereses de los trabajadores, de su emancipación del capital, batallando al mismo tiempo contra las viejas burocracias reformistas y negociadoras.

29 de mayo que es ayer, hoy, y que será mañana.

Porque para terminar con la precarización laboral, con la explotación y la miseria, no hay otro camino que organizarse, desde abajo, con honestidad y solidaridad, con firmeza y convicción. Porque a pesar de la confusión a la que intentan someternos, a la ilusión engañosa del pacto con el opresor, no hay otra salida real y definitiva para el pueblo que la lucha revolucionaria por el socialismo.

¡Alcemos las banderas rebeldes de los trabajadores y el pueblo de aquel 29 de mayo!
¡Honremos la justa memoria y los principios del Cordobazo!
¡Arriba la rebelión de los explotados y excluidos de Nuestra América Latina!

AGRUPACIÓN HOMBRE NUEVO
29 de Mayo de 2011

domingo, 1 de mayo de 2011

Este 1 de mayo contra toda forma de explotación!

afiche hn 1ro de mayo HN


Tercerización y explotación: dos caras de la misma moneda


“ Lo único que posee y que en realidad produce para sí el obrero es su jornal. Las sedas, los palacios, las joyas, son para otros. El sobrante de su trabajo no se le paga; pasa íntegro a los acaparadores del capital.¡Ese es vuestro sistema capitalista!”

Albert Parsons; obrero gráfico anarquista. Uno de los “Mártires de Chicago”


En nuestro país, uno de cada tres trabajadores realiza igual o mayor trabajo que el resto, pero recibe a cambio un menor salario y no tiene la mayoría de sus derechos. Eso implican la tercerización y la precarización laboral; otras maneras de llamar al denominado “trabajo en negro”, o informal, o temporario; otro modo de hablar de aquellos que no poseen estabilidad en su cargo, ni límite claro en su jornada laboral, ni vacaciones pagas, ni derecho a indemnización por despido, ni protección ante una enfermedad, ni cobertura social ni jubilación… Estos trabajadores no son cifras, aunque los tecnócratas de turno traten de reducirlos a eso: son los jornaleros en el campo, que levantan las cosechas por quince pesos al día; son los empleados de los talleres textiles clandestinos reducidos a servidumbre; son los trabajadores excluidos: cartoneros, vendedores ambulantes trabajando a la intemperie, corridos por la policía. Son los muchos operarios, empleados de mantenimiento, empleadas domésticas o de limpieza, que no están registrados, o lo están mediante tercerizadas: empresas contratistas que lucran con su fuerza de trabajo; intermediarios que muerden parte de su jornal sin aportar nada, salvo rapiña. Son los varios docentes y estatales con contratos basura que los Ministerios nacionales y provinciales, incluido el Ministerio de Trabajo, emplean de esa manera.
En nuestro país, el mismo en que un tercio de los trabajadores es despojado de casi todos sus derechos, y el resto pelea para que su salario no sea devorado por la inflación, se otorgan anualmente cerca de $ 30.000.000.000 en subsidios para diversas corporaciones y empresarios. Mientras la clase que genera las riquezas sociales es explotada, y hace enriquecer como pocas veces a las patronales; mientras millones no logran salir de la pobreza (4 millones, según INDEC; 10 millones, según consultoras privadas), el empresariado argentino sigue siendo el beneficiario de este “modelo”. Pese a sus quejas y disputas con el gobierno y con las burocracias sindicales, la burguesía engrosa su patrimonio. Los Bulgheroni (magnates del petróleo) o los Pérez Companc (millonarios del sector energético y alimentos) siguen viendo cómo sus fortunas trepan posiciones en los ránkings internacionales. Pese a sus eventuales cruces con la Casa Rosada, en los últimos 3 años, los agroempresarios que el gobierno dice combatir -entre ellos los Pérez Companc- recibieron en el rubro “molinos” más de $ 2.250.000.000 como compensación por vender su producción en el mercado interno. No obstante, los precios de los alimentos no dejan de aumentar, al igual que sus ganancias.


Contra toda forma de explotación

“Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quiénes son sus enemigos y quiénes sus amigos. Todo lo demás merece mi desprecio: desprecio el poder del gobierno y desprecio sus policías.”

George Engel; tipógrafo anarquista. Parte de los “Mártires de Chicago”.

Mientras la burocracia sindical, garante y cómplice de la tercerización de hoy y de la flexibilización de ayer, se enriquece con la desgracia de sus afiliados, vacía sus obras sociales y adultera medicamentos para construir las mansiones de sus dirigentes, y organiza sus patotas para impedir la democracia sindical, siguen surgiendo comisiones internas y cuerpos de delegados combativos que recuperan la tradición de lucha de nuestra clase. Pese a las movilizaciones masivas de trabajadores que hoy se hallan encolumnados con el aparato de la CGT, miles se van asomando a la lucha de manera independiente de los sindicatos burocráticos, y lo hacen recordando el ideario de los mártires de Chicago, y de tantos otros que nos precedieron: lo hacen alzando las banderas de un mundo sin explotación, sin opresión.

En momentos donde el discurso oficial habla de un “justo reparto” entre explotadores y explotados, que ni siquiera tiene un correlato en una distribución de riquezas real, y proclama que “éste es el país que los desaparecidos soñaron”, resulta indispensable aclarar que los esfuerzos por embellecer lo viejo, por emprolijar la explotación, por maquillar al capitalismo, no llevaron ni llevarán jamás a una sociedad nueva.

Este 1º de Mayo, junto a los trabajadores y los pueblos que se rebelan en Siria, en Libia, en Egipto y en muchos otros países contra el imperialismo y sus gobiernos títeres; junto a los trabajadores y los pueblos de América Latina que resisten y luchan; retomando las banderas del Cordobazo, del sindicalismo clasista; las de Santucho y del Che, decimos:
  
VIVA EL 1º DE MAYO
LUCHAMOS CONTRA LA EXPLOTACIÓN;
LUCHAMOS POR EL SOCIALISMO.  

Agrupación Hombre Nuevo
Mayo 2011

miércoles, 20 de abril de 2011

Llamarada N4 - En debate - Acerca del Guevarismo




Acerca del guevarismo:

En esta sección, una página que expresa algunos puntos de vista e intenta abrir la discusión sobre los aportes del guevarismo en tanto corriente del marxismo revolucionario. ¿Qué rescatar de Guevara en relación con el problema del poder? ¿Cuál fue el lugar que le concedió a las masas, cuál a la teoría, cuál a la lucha armada en el proceso revolucionario? El Che, el internacionalismo y el carácter de la revolución en América latina son algunos de los aspectos que desde Hombre Nuevo abordamos en este artículo. 

Dejando de lado los intentos de la burguesía por mitificarlo, y del reformismo y el populismo por vaciarlo de contenido, podemos adentrarnos en problemas que la obra y el pensamiento de Guevara plantean. La figura del Che ha suscitado debates al interior de la izquierda. Su fuerte impronta no se traduce en la actualidad en una clara y sólida corriente.
Inclusive entre quienes lo reivindican, en muchos casos no se ha dado un rescate completo y coherente de su figura. En los años 60 y 70, han sido numerosas las organizaciones que inspiradas por la praxis del Che han liderado procesos revolucionarios en toda Latinoamérica, ampliando y complejizando sus aportes. Sin embargo, esas experiencias, sus contribuciones y la reflexión sobre ellas, tampoco conforman un corpus homogéneo. Esto se traduce en muchos casos en una acción errática y sectaria de buena parte de los llamados guevaristas de la primera hora.
Creemos que es una necesidad para la izquierda argentina poder definir esta corriente en base a preguntarnos: ¿qué es el guevarismo?

Marxismo crítico y antidogmatismo.
En principio, la necesidad de autodefinirse en tanto corriente no conspira contra un, también necesario, proceso de confluencia. Por el contrario, este proceso de reconstrucción de la figura y el pensamiento del Che es un aporte al debate fraterno y crítico que tiene que darse,  y se está dando, dentro de los marxistas antidogmáticos.
Uno de los puntos que sometemos a discusión es que la característica guevariana central a destacar en esta época debería ser su férreo antidogmatismo, que el Che expresó a cada paso, en cada acción, discurso o palabra. Lejos de creer que el legado del Che se traduce simplificadamente en el uso de un fusil en cualquier momento y lugar, creemos que, al menos para los tiempos que corren, para encarar la reconstrucción de su legado, y en un debate fraterno y sincero con otras corrientes, la característica a destacar es su concepción revolucionaria, crítica y no mecánica del marxismo.
En el Che, la lucha contra el dogmatismo atraviesa en todo momento su praxis: desde la crítica a las recetas mecánicas soviéticas, que sostenían la espera de las condiciones objetivas, hasta el debate en torno al proceso económico, político y social de construcción de la sociedad de transición en la Revolución Cubana[1]. En este último caso, vemos a un Che lector de El Capital, discutiendo con los teóricos del momento, preocupado por la economía y atento a objetivos estratégicos: cada planteo en plano de lo económico para el Che está puesto en función del propósito final, la liberación del ser humano y el fin de la alineación. El Che se inscribe en una visión del marxismo que integra al humanismo, que retoma las observaciones de Marx sobre el trabajo alienado en sus Manuscritos económico-filosóficosde 1844, y con una interpretación que destaca el papel de la dialéctica en el análisis de toda su obra. El Che y sus aportes merecen ser leídos y releídos. En honor al marxismo crítico que él representa, tampoco su propia obra y figura deben quedar al margen de una lectura dialéctica y no dogmática que necesita seguir siendo enriquecida y actualizada con nuevos aportes. Una mirada nueva desde esta corriente, y desde el marxismo revolucionario en general, que debería seguir pensando y planteando el problema del poder, y a su vez integrar –siempre desde la perspectiva de construir el socialismo- aspectos que nuestra actualidad impone, como la cuestión de género, o la problemática ambiental, entre otros.


El problema de la toma del poder
Como todos los grandes revolucionarios (Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Gramsci, Mao), el Che no se hizo ilusiones acerca de la posibilidad de destruir el capitalismo a través de medios pacíficos, y dedicó esfuerzos teóricos y prácticos a destacar la centralidad del tema del poder. Guevara entendía que la lucha de clases llegaría necesariamente al momento de confrontación político-militar, dado que ninguna clase dominante se suicida ni resigna su posición, por más argumentos de justicia y de verdad que haya en su contra.
Por ello, al igual que Lenin[2], Guevara puso el problema de la toma del poder como núcleo de la estrategia revolucionaria y avanzó en la proyección de la forma concreta que los procesos revolucionarios adoptarían en el continente bajo las condiciones impuestas por el imperialismo norteamericano en el marco de la Guerra Fría.
En ese contexto, el Che sostuvo que había terminado la época de las revoluciones que triunfaban luego de un proceso rápido de insurrección en la que el pueblo en armas derrotaba a las fuerzas represivas. Aun cuando algo así ocurriera eventualmente, el triunfo resultaría efímero a causa de la interconexión entre las burguesías locales y el imperialismo norteamericano (garante de las relaciones de explotación y dominación capitalistas a escala global) que, de ser necesario, intervendría con sus marines. El Che creía que incluso ya no podría desarrollarse una revolución exitosa de la misma forma en que ésta se había producido en Cuba. La confrontación político-militar sería más difícil y más cruenta, ya que las clases dominantes contaban con la experiencia (y el fantasma) de la Revolución Cubana e intentarían evitar cualquier repetición.
En su mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, el Che afirmaba:
“…los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos, ni de huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, donde su frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes —donde la represión irá buscando víctimas fáciles entre sus familiares— en la población campesina masacrada, en las aldeas o ciudades destruidas por el bombardeo enemigo.”
Porque no es posible “cambiar el mundo sin tomar el poder”, el Che plantea la necesidad de preparación de cuadros y masas también en ese aspecto de la lucha.
Sin embargo, a diferencia de las interpretaciones que identifican erróneamente guevarismo con “foquismo”[3], entendemos que el principal aporte del Che como revolucionario fue situar el problema del poder en el centro de toda su acción teórica y práctica. A pesar de que el Che ha planteado en sus escritos la noción de “foco”, lo hizo en el sentido de un grupo que sintetiza, da forma y fuerza a un conjunto amplio y complejo de condiciones objetivas y subjetivas. De hecho, la propia Revolución Cubana, no fue obra de unos pocos “iluminados” sino que hubo una determinante participación del pueblo.
Entendemos que actualmente es necesario profundizar en la reflexión política acerca del problema de la toma del poder en un proyecto revolucionario, recuperando la totalidad del pensamiento guevarista, que excede la cuestión político-militar sobre la que se suele hacer eje. El problema del poder excede la confrontación y el momento puntual de la toma del mismo, e incluye el proceso previo de organización y transformación, sin el que es imposible ir avanzando en la construcción de los sujetos y las relaciones que deben estar presentes en esa instancia. Esta tarea que, entendemos, implica la construcción de poder popular, no debe ni puede ser tarea de unos pocos, sino que indefectiblemente debe ser un proceso con gran participación del pueblo. En este sentido consideramos que es fundamental tomar el ejemplo la Revolución Cubana, en donde fue crucial el trabajo sobre la construcción de conciencia y organización de masas, con amplia participación tanto de sectores campesinos como de obreros, cuyo nivel de organización y lucha es en general menospreciado por los análisis superficiales.

Solamente por mencionar aunque sea de manera acotada dos ejemplos de experiencias que retomaron los aportes de Guevara, nos podemos referir al MIR chileno y al PRT en nuestro país. En el caso del MIR, su praxis giró en torno a la identificación del problema del poder popular. Los llamados comandos comunales que impulsó conformaron verdaderos espacios de toma de decisiones que nucleaban diversos sectores obreros, villeros, campesinos, etc. Puede leerse en documentos del MIR cómo la organización chilena destaca la importancia de la creación de organismos de poder popular, la conformación de una fuerza social sólida, y la necesidad de infundir la acción política en las masas. El PRT argentino, por su parte en un esfuerzo por realizar la acumulación necesaria en contra de las fuerzas de la burguesía, levanta el FAS, (Frente Antiimperialista por el Socialismo) que aspiraba a la unidad política de toda la clase y promovía organismos locales de toma de decisión. Ambas experiencias, la del PRT y el MIR, entre otras, han realizado una contribución importantísima, complejizando el guevarismo, aplicando estas perspectivas creativamente, sin dogmas, a momentos y realidades particulares y sumamente complejos.

La concepción dialéctica del proceso revolucionario
Desde esa perspectiva, es imprescindible recuperar la concepción dialéctica (es decir, no mecánica ni lineal) que el Che tenía del proceso revolucionario y el papel que otorga en él a la acción conciente, organizada. En la Contribución a la crítica de la economía política, Marx había planteado que cuando el desarrollo de las fuerzas productivas chocara con las relaciones sociales de producción, se iniciaba entonces una época revolucionaria. Posteriormente, se discutió dentro del movimiento comunista cuándo dichas condiciones objetivas estaban maduras. Como aporte a este debate que atraviesa toda la historia moderna del movimiento obrero, el Che planteó que aquella maduración también era resultado de la iniciativa política, de la acción conciente. De otra forma, sin dicha iniciativa, el capitalismo y su desenvolvimiento genera cíclicamente sus crisis, pero a su vez, logra recomponerse. Guevara se inserta en una tradición del marxismo que nada tiene que ver con el mecanicismo. Ya Marx y Engels plantearon que era cierto que los seres humanos eran producto de las circunstancias, pero que las circunstancias también son modificadas por los mismos hombres y mujeres. Es por eso que la conciencia ocupa un papel central antes, durante y después de la toma del poder. Es esa una de las peculiaridades y de los más grandes desafíos que tiene la revolución proletaria: ser un proceso conciente. Concebir dialécticamente el proceso revolucionario implica entender que las condiciones para dicha revolución ni son mero resultado de la voluntad, ni pura maduración de condiciones objetivas que no responden a la acción de los hombres.

El carácter socialista de la revolución y el internacionalismo
El protagonismo que Guevara atribuye a la acción humana conciente está directamente vinculado a cuál es la meta a la que se aspira. Objeto de discusión en los 60, el propio desarrollo global del capitalismo deja pocas dudas en la actualidad sobre la imposibilidad de realizar “reformas” que, en el marco del capitalismo, resuelvan los problemas esenciales de los pueblos. Sin embargo, continúan proliferando nuevas versiones del populismo que sigue apostando a una pretendida revolución nacional antiimperialista y antioligárquica. El socialismo no es para el Che, ni para nosotros, la simple distribución de la riqueza o la estatización de los medios de producción. Para el Che, como para los marxistas revolucionarios, la perspectiva última es el fin de la explotación, de la opresión y también de la alienación; la posibilidad de construir una sociedad verdaderamente humana en la que los hombres y mujeres no se vean sometidos a fuerzas exteriores que se les imponen por encima de su voluntad. Una sociedad que permita y promueva el desarrollo integral y multilateral de todos sus integrantes. Una sociedad en la que el estado se extinga…
Por ello, frente a las reivindicaciones parciales, también es necesario recuperar el carácter socialista de la revolución que el Che proyectaba en América Latina.
Sabemos, y el siglo XX da múltiples ejemplos de ello, que el socialismo en un solo país es una utopía irrealizable; que el capitalismo es un sistema mundial y que, en consecuencia, hay que derrotarlo a nivel internacional. Por ello, entendemos necesario recuperar el internacionalismo del Che que constituye uno de los principios más importantes del marxismo revolucionario. El internacionalismo posee un lugar central no sólo por la necesaria solidaridad de clase y la lucha contra cualquier forma de opresión, sino porque es la única posibilidad de construir realmente una nueva sociedad. Sin embargo, al igual que el Che, creemos que la forma de contribuir a esa meta es peleando por la revolución en nuestro país o en el país en que nos toque pelear. Por ello la estrategia planteada por Guevara ha tenido un alcance continental y mundial.

La construcción del “Hombre nuevo”
Para que el socialismo sea verdaderamente sólo una etapa de transición hacia una sociedad comunista, hay que construir al sujeto que encarne esa sociedad. Por eso el Che planteaba: “El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación...”[4]

La superación de la transición socialista no se va a producir inevitablemente. Los peligros de retrocesos hacia el capitalismo son enormes y no sólo por la capacidad del imperialismo para agredir a las revoluciones triunfantes en ciertos países, sino porque los sujetos que tienen que construir la nueva sociedad fueron (somos) formados en la vieja. Los valores, los conceptos y las ideas propias de una sociedad capitalista no son algo externo a los trabajadores; ni siquiera se imponen principalmente por la propaganda y el adoctrinamiento sino que surgen de las condiciones económicas y sociales propias del capitalismo.
Por eso, el Che afirma que no se puede construir el socialismo con las armas del capitalismo, y de allí su énfasis en generar otra relación con el trabajo (la importancia, por ejemplo, del trabajo conciente, del trabajo voluntario), de recurrir a estímulos morales, etc. Es en base a esa concepción del carácter del socialismo, del papel de la conciencia y de la acción humana, que se opuso a recurrir al mercado para desarrollar las fuerzas productivas (esquemáticamente: recurrir al mercado para que aumentara la producción de bienes). El debate entre planificación o mercado está en el centro del problema más general de la construcción del socialismo. El Che (y Ernest Mandel, junto con él) argumentó que la opción por el mercado no era válida a pesar de su supuesta mayor eficiencia en la asignación de recursos. Porque más allá de lo dudoso de esa eficiencia, bajo las relaciones mercantiles, la asignación de recursos sociales, la distribución del trabajo social y la relación entre los distintos integrantes de la sociedad se produce por afuera (y en contra) de la conciencia de los sujetos.
La revolución socialista como etapa de transición abre la posibilidad de que los hombres y mujeres se reapropien del proceso de producción. Esto quiere decir que en lugar de producir a ciegas esperando a que el mercado determine si sirvió o no lo que se hizo, el socialismo permite que, de forma conciente, la sociedad planifique cómo va a distribuir el conjunto de trabajo del que dispone, cuáles son las áreas a priorizar, cuáles van a quedar temporariamente en un segundo plano. La defensa del Che de la planificación, que de ningún modo significa la defensa de la planificación soviética, no es una cuestión aisladamente económica o técnica. Ese ejercicio de proyectar y decidir es parte fundamental del proceso de toma de conciencia de nuestro ser social.

En síntesis, entendemos que reivindicar el guevarismo hoy no significa repetir dogmáticamente la teoría, sino retomar el marxismo revolucionario para realizar un análisis crítico de las experiencias posteriores y de la situación presente, y revisar, actualizar y recuperar integralmente los principios del Che. A su vez, entendemos que esa reivindicación implica plantearnos cómo debería traducirse la estrategia de toma del poder en momentos que, como hoy en nuestro país, no son inminentemente revolucionarios; implica realzar esfuerzos tanto en nuestra formación teórica y práctica, como en la construcción de poder popular y en la unidad de las organizaciones que buscamos aportar a un proyecto revolucionario.

Hombre Nuevo, octubre de 2010

[a] Artículo de La Llamarada Nº4 - Órgano de difusión de la Agrupación Hombre Nuevo.
[1] Ver, por ejemplo, su crítica a planteos de la economía soviética en Apuntes críticos a la economía política; Ocean Sur, 2006; su intercambio respecto a la planificación económica en Cuba en El gran debate sobre la economía en Cuba, 1963-1964, Ed. de Cs. Sociales, 2004.
[2] Autores como Roque Dalton (revolucionario salvadoreño) han sostenido que el guevarismo es el leninismo latinoamericano.
[3] El foquismo consistiría en la idea de que un grupo reducido de militantes podría a través de su acción político-militar tomar el poder y hacer una revolución. Se ignoraría en ese caso el papel de la participación de las masas, en especial de los trabajadores urbanos y la necesidad de militar por su organización, se sobrevaloraría el problema militar por sobre el político y se infravolararía el análisis de las condiciones objetivas.
[4] Frase pronunciada en una entrevista periodística para Express, en Argelia, julio de 1963.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Basta de reprimir la protesta social!


A nueve años de la rebelión popular de diciembre, seis muertes en dos meses.

BASTA DE reprimir
la protesta social

Cría de asesinos
La represión sobre el pueblo se muestra abiertamente de nuevo. Lo hace con sus múltiples rostros, con versiones resignificadas de viejas metodologías. La forma más conocida es la de la vieja Policía Federal, que hace nueve años asesinaba a granel cubriendo la huida de un patético De la Rúa; El rostro más reciente es el de la Policía Metropolitana, prontamente manchada de sangre. Pero el poder cuenta en este caso con variantes. Como hace dos meses en Barracas, cuando sicarios de la Unión Ferroviaria asesinaron a Mariano Ferreyra, o como tantas otras veces en nuestra historia, la mano de obra para atacar a los que protestan o para el crimen político liso y llano no necesariamente la aportan las fuerzas represivas regulares. El último asesinato hacia los pobladores de la toma de Lugano y Soldati estuvo estrechamente vinculado a patotas armadas. Los gobiernos que avalan la tercerización laboral, también tercerizan la represión: matones, barrabravas, lúmpenes y burócratas sindicales capitanearon, revólver en mano, los piquetes racistas de una reedición decadente y posmoderna de la “Liga Patriótica”. Desde esos grupos de choque, que lamentablemente arrastraron en la confusión a varios vecinos y explotaron el costado reaccionario de cierto sentido común, se llegó no sólo a disparar contra familias que ocupaban el predio del Parque Indoamericano, sino a detener el paso de ambulancias que intentaban asistir a los heridos. En estos grupos de choque que se nutren de la marginalidad no puede dejar de verse la mano de los punteros que actúan bajo el amparo del poder político.

Para todo servicio
Julio Capella, uno de los flamantes matones de la mafia sindical, acaparó los flashes fotográficos cuando el jueves 9 de diciembre junto a dos de sus laderos fue retratado gatillando a familias que ocupaban el Parque Indoamericano. En este caso, al igual que la patota en la que estaba Cristian Favale, se trata de miembros de la burocracia sindical. Capella y al menos dos de sus socios fotografiados son dirigentes del sindicato de municipales porteños SUTECBA, una entidad que encuadrada en la CGT DE Moyano y en las 62 organizaciones no ha dejado de actuar servilmente hacia el macrismo, del que obtiene enormes prebendas a cambio de controlar verticalmente a los trabajadores. Con la venia de Macri, este sindicato de la derecha peronista sigue ostentando como hace décadas un manejo discrecional sobre la obra social porteña, o manteniendo un ejército de ñoquis pertenecientes a su entidad enquistados en el aparato del estado. Ese mismo estado es el que hace de la desigualdad una política activa y planificada, y que a la hora de tener que enfrentar sus consecuencias, apela al garrote policial o civil y al asesinato a mansalva. En el mismo sentido, la última medida anunciada desde Casa Rosada no fue un plan de emergencia habitacional, sino la creación de un nuevo Ministerio de Seguridad.

Las cosas claras (o cómo desmontar una operación política)
Luego de escenas grotescas, de pases de factura, de chicanas y cruces verbales entre el Gobierno Nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires, la trama termina con un acuerdo de “colaboración” entre estos aparentes enemigos públicos. Después de todo, lo que se presenta como un enfrentamiento mediático y político, esconde complicidades entre el Poder político de la Ciudad y de la Nación.
Las responsabilidades fueron de los dos Estados por ordenar, alimentar y fomentar, sucesivamente, una represión estatal y paraestatal que dejó como saldo en dos días la muerte de tres personas: Bernardo Salgueiro, Rosemary Churapuña y Juan Castañeda Quispe. Hubo y hay responsabilidad de los dos Estados por no dar respuesta a un problema estructural como es el de la tierra y el acceso a una vivienda digna.
En el caso de Macri, directamente inauguró la temporada de caza del inmigrante con un discurso xenófobo que encontró arraigo en un sector del electorado porteño, sobre todo en la clase media baja temerosa de perder sus escasos bienes; un sector, a veces nutrido por trabajadores o pequeños profesionales, que en estado de paranoia por las violaciones a una privada que no le pertenece y viéndose siempre al borde caer en la pobreza, aportó el consenso para el accionar de las patotas criminales.
El gobierno nacional, el que se autoproclama de los derechos humanos, que intentó despegarse de los incidentes a través de acusaciones de desestabilización y conspiración, no puede explicar un hecho concreto y objetivo: la primera secuencia de represión fue ejecutada por la Policía Federal. Hay importantes evidencias que confirman que los impactos de muerte provinieron de cartuchos de escopetas utilizadas por esta fuerza represiva, y que la entrada de los proyectiles fue de manera descendente, por lo que los disparos muy probablemente provinieron desde el puente donde estaban los policías. A pesar de que Aníbal Fernández apele al viejo recurso de la “inorganicidad” de la fuerza y argumente que se perdió el control, nada puede ocultar la responsabilidad política de estos asesinatos.

Los dueños de la tierra
La represión salvaje de las policías que dependen de Nación y Ciudad; la cacería llevada adelante por lúmpenes a sueldo de los punteros; la xenofobia, alimentada pacientemente por el discurso de comunicadores, multimedios, acciones e inacciones de gobierno y por las recientes declaraciones de Macri... todos estos elementos son exponentes de la violencia que los de abajo sufrimos. Pero el trasfondo en el que se enmarcan estos hechos es el de una crisis habitacional que afecta a uno de cada cinco porteños. Así como en Formosa los aliados del gobierno nacional reprimen y matan a los campesinos que luchan por la tierra, en la ciudad se mata a los pobres que piden un pedazo de suelo. Mientras la Corporación Buenos Aires Sur sociedad del estado viene realizando negociados inmobiliarios multimillonarios desde hace más de una década, los monopolios informativos y la derecha instalan en una parte de la opinión pública que si el pueblo trabajador no accede a la vivienda, es por culpa es de los inmigrantes que viven en asentamientos. A la par que se fomenta un patrioterismo neo-fascista, el gobierno porteño y su Corporación del Sur, que reúne funcionarios y empresarios afines, se relamen ante el negociado con esas mismas tierras de Lugano y Soldati para la proyección de un Polo Industrial Farmacéutico. Además, desde esta corporación se viene avanzando con otros negociados, como los que se desprenden del planificado y aún no implementado cierre del Hospital Borda para un transacción de cientos de millones con las cerca de 45 hectáreas de su predio. Por su parte, el gobierno porteño vacía el I.V.C., Instituto para la Vivienda que vio un recorte de más de 100 millones de pesos en su presupuesto 2010, y del que se ejecutó solo un 20% de sus asignaciones.
En Ciudad de Buenos Aires, para los amigos del poder, negociados con tierras. Para los pobres, tierras contaminadas con el plomo del cementerio de autos. O directamente, el plomo de las balas.
La política del gobierno nacional no se diferenció en este caso de la promovida por Macri: coincidieron ambos en no responder a la demanda desesperada de los pobres y los sin techo de Lugano y Soldati, y en instaurar la política punitiva de suprimir la ayuda social a quien tome tierras.


Basta de asesinar a los pobres
La represión salvaje de las Policías Federal y Metropolitana, primero, y la inacción criminal del gobierno nacional ante el avance de grupos de choque vinculados al macrismo luego, configuran un panorama donde como pueblo no podemos permanecer pasivos. En medio de los festejos por el Día de los Derechos Humanos, la escenografía progresista del kirchnerismo se va cayendo a pedazos con cada nuevo muerto. Como pueblo y desde sus más diversas y amplias organizaciones, debemos plantear con firmeza el rechazo a la represión. Estos hechos no pueden quedar impunes. Paralelamente, debemos sostener mediante la lucha y la organización el reclamo por la vivienda digna.

Es necesario prepararnos para enfrentar a la burocracia sindical y movilizarnos  dando respuestas amplias para que los responsables políticos de la represión, los gobiernos porteño y nacional, rindan cuentas de sus actos.

Fuera Macri, sus Ministros y sus sicarios.
Renuncia inmediata del Ministro del Interior Randazzo y el de DD.HH.  Alak.
Cárcel a los responsables políticos y materiales de los asesinatos.
Por tierras y vivienda digna.
Ante las patotas y la represión reivindicamos la organización de los trabajadores y la acción directa.

Agrupación Hombre Nuevo
20/12/2010

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Ante la muerte de Mariano Ferreyra.. hoy también decimos ¡organización y lucha!

Un crimen, una muerte y un panorama abierto

´
Hoy también decimos organización y lucha


El 20 de octubre cayó asesinado Mariano Ferreyra, militante popular que se encontraba participando del reclamo de los ferroviarios tercerizados de la ex línea Roca. Las balas de la burocracia sindical de Pedraza fueron las responsables del crimen del joven integrante del Partido Obrero. Junto a esas balas, la zona liberada por las fuerzas represivas estatales, que como siempre aportaron su cuota de impunidad. Fueron miles los que en la Plaza de Mayo manifestaron su repudio a las patotas sindicales y le exigieron justicia a la presidenta ante la Casa Rosada.
Actualmente se hallan detenidos seis miembros de la patota de la Unión Ferroviaria, pero ningún dirigente político de ese grupo de choque cuya autonomía para planificar un crimen es impensada.

El miércoles 27, muy lejos de allí, fallecía el diputado y ex presidente Néstor Kirchner. El líder del PJ moría súbitamente, dejando un vacío considerable en el escenario político-institucional. Su fallecimiento generó la movilización de un sector amplio de la clase trabajadora, identificada con algunas conquistas obtenidas durante su gestión y la de su esposa. En este otro caso, también miles ocuparon la Plaza de Mayo. Entre ellos, pudo verse a punteros del Conurbano y burócratas sindicales de la CGT; pero también trabajadores y amplios sectores del pueblo, que visualizan en este gobierno una referencia para sus aspiraciones de justicia social.
Con estos últimos, hermanos de nuestra clase, compartimos muchos anhelos y esperanzas: las de cambio social, las de enjuiciar a los genocidas de la dictadura, las de una integración con América latina. Con los primeros, gobernantes y funcionarios, burócratas y matones, no compartimos ni podremos compartir jamás nada: son los responsables de la precarización laboral, como ayer fueron cómplices de las privatizaciones; son los garantes de la miseria en la que aún está sumida una gran parte del pueblo. Son, sin ir más lejos, los asesinos de Mariano Ferreyra, como es el caso de los matones de la Unión Ferroviaria; o los cómplices del asesinato de Kosteki y Santillán, como Aníbal Fernández, ex Secretario de Presidencia de Duhalde y actual Jefe de Gabinete.
Nos solidarizamos con los muchos trabajadores honestos movilizados ante la muerte de Kirchner: con ellos nos unen aspiraciones que están emparentadas; nos separan, en cambio, métodos y referencias. Como militantes, no despreciamos las reivindicaciones puntuales: creemos que bajo el kirchnerismo la clase trabajadora logró, parcialmente, obtener algunas conquistas. El juicio a los genocidas de la dictadura, de alcance acotado todavía; el subsidio por hijo, incompleto pero presente; el acceso al Plan Argentina Trabaja, cercenado por las garras del punterismo del PJ; la estatización de las jubilaciones, aunque con el imperdonable retaceo del 82% móvil… No desconocemos estas reformas, pero como clase debemos aspirar a más que eso. Todos los aspectos anteriores permiten avances, pero todos guardan relación con luchas que preceden al kirchnerismo. Luchamos por reivindicaciones concretas, pero señalamos que no son un fin último. Decimos, como lo decíamos antes de la muerte de Kirchner, que el reformismo no es un camino más largo para llegar a una sociedad justa, sino que es un camino que nunca llegará allí, y por ende no es nuestro camino.

Los que aspiramos a una sociedad sin explotación, no podemos conciliar nuestro andar  con los monopolios y empresarios que, también durante el kirchnerismo, se están enriqueciendo como nunca. Mientras este gobierno subsidia al sector empresarial, la pobreza y desigualdad mantienen una presencia inaceptable, con niños que mueren de hambre de a decenas, como en Misiones. Mientras este gobierno estructura su poder en el aparato del PJ, con Scioli y los intendentes bonaerenses; con Gioja y las megamineras; con la CGT de Moyano, Pedraza y Zanola, el pueblo trabajador, incluido ese sector que lloró a Kirchner como su referente, ve imposibilitada su participación real y es totalmente ajeno a la toma de decisiones.

Quienes asoman de la vereda de enfrente ante la ausencia de la figura de Kirchner son, sin dudas, los miserables de siempre: Macri, el Grupo Clarín, gran parte de los terratenientes, los sectores más recalcitrantes. Muchos de ellos eran, hasta ayer, aliados: como el estanciero Solá, como el pusilánime Cobos. Cuando vemos a una derecha al acecho, no pensamos solamente en el La Nación y Duhalde, sino también en los barones del Conurbano. Cuando pensamos en el sindicalismo patronal y patoteril visualizamos a Cavallieri y Barrionuevo, pero también en la mafia de millonarios y gángsters que comandan la CGT oficialista.

Porque las conquistas de los trabajadores le pertenecen a los trabajadores, nos proponemos defenderlas ante cualquier intento de avance reaccionario.
Porque no nos resignamos a lo existente, ni nos dejamos atemorizar con el fantasma de lo peor, que hoy y siempre está a la vuelta de la esquina, apostamos a seguir construyendo con el pueblo, de manera independiente de los patrones, la burguesía, el estado.
Porque no negociamos la sangre de nuestros caídos, nos paramos en la vereda opuesta a la burocracia asesina, y exigimos juicio y castigo a los responsables políticos y materiales del crimen de Mariano Ferreyra.
Porque queremos poder para los de abajo, apostamos a la organización de nuestra clase, sin la tutela de ningún funcionario ni puntero: ni los de la derecha impresentable, ni los del pretendido progresismo.

Nos organizamos desde abajo porque nuestra meta es el socialismo.
Hoy también decimos: organización y lucha

Equipo de redacción de La Llamarada 
Agrupación Hombre Nuevo - 10/11/2010