miércoles, 30 de abril de 2014

Suplemento Especial 1 de Mayo de La Llamarada

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Replicamos la nota Editorial y de coyuntura:


Habla Spies Imágenes integradas 2

Les molesta vernos en las calles, el piquete, la huelga general. Les jode tanto porque saben que así cuestionamos el derecho más incuestionable de este sistema: el derecho a explotarnos durante toda nuestra vida. Las gomas prendidas en una ruta, las máquinas apagadas y nuestros cuerpos en la calle clamando algo más que pan, pero también pan. Les jode. Les duele que no vayamos a sus fiestas de escarapelas tridimensionales, que no elijamos reinas, que no cambiemos las banderas rojas por las carrozas patrióticas. Les duelen las canciones de atriles populares, que no se cantan en el salón dorado, les duele que no lleguen las mercancías a destino y que el puente diga Darío y que el puente diga Maxi. Les jode que aprendamos de nuestros abuelos y de nuestros hermanos, por eso desdibujan al Eternauta, que no paseaba por la nieve como quien reparte margaritas, por eso edulcoran al Che, por eso resumen a Marx, por eso silencian a Lenin.
Desde Lorea hasta Arroyito, desde Chicago hasta Las Heras corre nuestra historia espiralada de verdugos y mártires. Falcón da la orden y avanza el escuadrón cargándose hombres y niños por igual; Sobisch da la orden y Poblete revienta la luneta de un 147, llevándose al maestro; Duhalde da la orden y arrasan Avellaneda. Luego, el silencio por un rato, luego nosotros volcados en la calle, parando el país, haciendo banderas con rostros de los nuestros, alzando las pancartas con sus nombres para que sean un faro, para que no sea en vano la sangre de ningún hijo del pueblo, de ningún obrero, de ningún mártir.
La bonaerense no da abasto, y los noticieros nos llenan de motochorros, de afanos y nos crean la necesidad de más represión. Con el discurso de la inseguridad, duplican oficiales, convocan a los chacales retirados, al verdugo a sueldo, al barra tercerizado, al milico ocioso. Todo el operativo montado para que sus ganancias sigan intactas, para que su miedo siga intacto, para que el césped en sus campos de golf siga verde esperanza y para que las piscinas de sus countries huelan a cloro y a paz.  
Al movimiento obrero que paró el país hace semanas -digan lo que digan lo amanuenses de la progresía nacional y popular, más preocupados por los piquetes que por el Foro Empresarial-, le oponen una batería de proyectos legislativos para que nosotros, los trabajadores y el pueblo desposeído, conviva con ellos, los que circulan, los que nunca protestan. Hay que ver sus zapatos tan acostumbrados a la alfombra roja y al mármol de Carrara, tan preocupados por la circulación del automovilista, que conmueve. ¡Por favor!, no embadurnen la represión con falsa democracia. Lo que les jode es la huelga y que los engranajes de sus máquinas no los hagan más ricos de lo que ya son. Ya sabemos que van a hacer hasta lo inhumano para deshumanizar cada vez más nuestras vidas; sabemos que el problema con ustedes -enemigos nuestros- es político y no va darse una tregua. Lo sabía Engel, lo sabía Parsons y Lingg lo sabía. Mientras sus filósofos de Canal Encuentro se horrorizan de nuestros palos, de nuestros rostros tapados, habla Spies. Sigue hablando todavía.
Y dice sus verdades, mientras los verdugos adornan el patíbulo. Habla August Spies, el periodista, el tapicero, el inmigrante, y nos desata un nudo en la garganta a todos los trabajadores del mundo, en todos los primeros de mayo por venir: “Honorable juez, mi defensa es su propia acusación, mis pretendidos crímenes son su historia”.





PARA FRENAR EL AJUSTE, ES TIEMPO DE LUCHA Imágenes integradas 2

Devaluación, inflación que le viene ganando al salario, acuerdos con los organismos internacionales y criminalización a los que luchan. El fin de ciclo kirchnerista encuentra a un gobierno que asume el programa de la oposición de derecha antes de que la propia oposición pueda ejecutarlo. Desde abajo, la organización y la lucha crecen, pero resta avanzar en unidad de acción y en proyección política.

"Le pedimos a nuestros empresarios que valoren el inmenso esfuerzo que hemos hecho estos años" sostenía la presidenta Fernández de Kirchner en su discurso de apertura de las sesiones del Congreso Nacional. Una solicitud de buena voluntad hacia los sectores empresariales de cara a la finalización de su mandato y en el marco del fin de ciclo kirchnerista. Atrás ha quedado la verborragia oficialista de “vamos por lo que nos falta”, o “nunca menos”. El gobierno se ha dispuesto a guardar en el ropero las pancartas que hablaban de soberanía nacional y se apronta a acordar con el FMI, el CIADI, Repsol, el Club de París y los fondos buitres. Con el mismo puño se firman los pactos con los organismos internacionales y se escriben los proyectos de criminalización de la protesta social.
Luego de una década ganada por los empresarios se han confirmado los límites estructurales del capitalismo dependiente argentino que el partido gobernante no sólo no revirtió, sino que usó como pilares: megaminería contaminante, sojización, fracking; aspectos de una economía basada en el saqueo de recursos naturales, pero también en la tercerización laboral y en la precarización del trabajo y de la vida de millones. El marco reciente de devaluación y ajuste desembozados ha implicado, por un lado, un golpe a la clase obrera y el pueblo; por el otro, el ensanchamiento en la fractura entre el rumbo del gobierno y el de los trabajadores.
A pesar de casi 10 años de crecimiento de la economía a tasas chinas, no se han resuelto ni remotamente algunos problemas elementales de nuestra clase: no existe acceso a la vivienda popular, la educación y la salud se mantienen fuertemente desreguladas y privatizadas, el transporte permanece mayormente en manos de monopolios y siendo deficitario (y sus patronales subsidiadas). En la actualidad, con una inflación proyectada para 2014 que va del 35 al 40%, el “capitalismo serio” adopta como respuesta a la crisis económica un pretendido techo salarial del 23 %. Éste fue superado por la lucha, en gran medida por una épica huelga docente. En medio del aumento de las tarifas de servicios y transportes, y los particularmente altos niveles de inflación en los alimentos (que parecen solo estar “cuidados” en los afiches de La Cámpora o de Unidos y Organizados); en medio de la avanzada represiva que pretende limitar la protesta social clasificándola como “ilegítima”, el rumbo del gobierno ante la crisis económica y el revés sufrido en las urnas parece ser la adopción íntegra de la agenda reaccionaria de la oposición de derecha representada en los Massa, Macri y Binner. Hace alrededor de dos años, mediante una cadena nacional, la presidenta decía: "Siempre hay que optar, en la economía nada es neutro, cuando se le da a uno, es porque lo pone el otro". Así de claro y didáctico lo explicaba: la economía no es neutra, muestra de ello es que en Argentina existen 15 millones de pobres, 5 millones de indigentes y un 40 % de precarizados, solo para brindar algunos datos. Es claro, lo que se le quita a los trabajadores va a parar al bolsillo de los empresarios. La tan festejada “política de inclusión” de este gobierno se basó en gran medida en “redistribuir” ingresos dentro de la clase trabajadora vía fondos del ANSES. A su vez, la devaluación de principios de año, significó para los banqueros una ganancia extraordinaria de más de 9.000 millones de pesos, al ser intimados a liquidar sus activos excedentes en dólares solo después de que el aumento de las divisas se concretara. En la actualidad, una vez más, pretenden que la inflación y el ajuste le ganen al salario; quieren que la crisis de los capitalistas la paguemos los laburantes.

Sucesiones y continuidades
Cerrada la posibilidad de continuidad kirchnerista en torno a la definición de los candidatos presidenciables, la disputa principal parece desplegarse al interior del PJ, ya sea con una “sucesión” vía Scioli o una “renovación” vía Sergio Massa. El silencio presidencial al respecto es notable, e inquieta a los distintos sectores del oficialismo que hacen sus apuestas por la herencia de la candidatura principal. Por su parte, el PRO o la coalición FAUNEN, con pequeños matices, no difieren en la orientación política de ajuste, reducción de gasto público y golpe a los bolsillos de los sectores más pobres de nuestro pueblo.
En respuesta a la contundencia del paro del 10 de abril, que incluyó una significativa y activa participación de la izquierda, el “gobierno de los derechos humanos”, de la mano de Carlos Kunkel y Diana Conti, presentó dos proyectos de ley que criminalizan la protesta social. En uno, apadrinado por Pedrini, del FpV chaqueño, directamente se faculta al Ministerio de Seguridad para desalojar protestas que considere “ilegítimas”; esto es si no cumplen con plazos de aviso o si no acceden a negociar con sus “mediadores”. En otro, de la mano de Conti, se habla de manera más edulcorada de similares fines: despejar cortes, liberar por la fuerza carriles en los piquetes. Este segundo proyecto, más a tono con el espíritu bienpensante que aún acompaña al gobierno, contempla una incompleta y ambigua “amnistía” para dirigentes sociales procesados. Una contradicción andante, que demuestra el carácter escenográfico del progresismo kirchnerista: se concedería amnistiar algunos procesados hasta la fecha como moneda de cambio para garantizar la represión y los nuevos procesamientos de aquí en más. El espíritu de estas iniciativas contó con el apoyo caluroso de Sergio Massa y Mauricio Macri. No obstante, señalaron que el proyecto del FPV “llega diez años tarde”. Además, el massismo presentará a través del diputado Darío Giustozzi su propio proyecto de ley para restringir los piquetes. En el mismo sentido en las próximas semanas se comenzará a tratar una similar iniciativa en la legislatura porteña con origen en el macrismo.
En un contexto de empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores, todo el arco político burgués aplaude al unísono los proyectos para criminalizar la protesta social. Esto no es ninguna novedad para los trabajadores; ya hemos aprendido que cuando se trata de cuidar las ganancias empresarias todas las fracciones capitalistas sean “nacionales y populares” o clásicamente neoliberales se unen en contra de los intereses de la mayoría.

Una respuesta necesaria y varias tareas pendientes para nuestra clase

Llegamos a este nuevo primero 1º de mayo con dos importantes muestras de resistencia y movilización popular contra los planes del gobierno. La histórica huelga docente de 17 días en la Provincia de Bs. As contó con numerosas instancias de movilización y masivas asambleas de los SUTEBA recuperados más las de autoconvocados allí donde dirige la burocracia. Además, demostró en las calles la capacidad de lucha de decenas de miles de trabajadores de la educación. Se obtuvo una conquista parcial en términos económicos (lo acordado está muy lejos del valor de la canasta familiar) pero se consiguió el no-descuento de los días de paro y se perforó el techo salarial del 23 % previsto por el gobierno. El triunfo docente es un triunfo político para todos los trabajadores, en tanto nos muestra el camino a seguir. La presión de las bases logró embretar a la burocracia sindical de Yasky y Baradel, siempre dispuesta funcionar como dique de contención servil a los intereses gubernamentales. La fuerza desde abajo, el destacable el rol de las seccionales opositoras y la participación del conjunto de la izquierda aportando a una opción combativa y antiburocrática hicieron que para la burocracia fuera imposible levantar la medida de fuerza por televisión, como acostumbra.
El segundo acontecimiento significativo fue la contundencia del mencionado paro general del 10 de abril. Un paro convocado por la burocracia, no ajeno al tironeo reaccionario de personajes como Barrionuevo y Moyano, y la derecha peronista, o del propio Micheli y el FAP. Pero a su vez, un paro que plantea la necesidad de pelear por el salario; un paro que las conducciones antiburocráticas tomaron en sus manos y que encontró a la izquierda y el clasismo en la calle, marcando una diferencia metodológica y programática.
Sin embargo resta mucho por hacer. Y lo que resta, se da en –al menos- dos planos. En el inmediato, bregando por una mayor unidad de acción para enfrentar el ajuste. En segundo lugar, por construir una herramienta política que represente a la izquierda revolucionaria. Desde nuestro lugar, sabemos que no hay “una sola izquierda”, como se presume en muchas intervenciones del sector que hoy es mayoritario, el FIT. Numerosas organizaciones del país estamos orientando nuestro esfuerzo de manera firme y sin pausa por construir una izquierda revolucionaria, que logre superar el hegemonismo, que no limite su intervención política  al plano electoral y que se plantee verdaderamente el problema del poder. El momento actual nos exige mayor responsabilidad política frente a la unidad y sin lugar a dudas nos pondrá a prueba. Si somos capaces de abandonar los sectarismos y la autoproclamación permanente podremos avanzar en la consolidación de un proyecto anticapitalista, la única esperanza para los trabajadores.

Agrupación Hombre Nuevo-

domingo, 27 de abril de 2014

NO A LA LEY ANTIPROTESTA
SEGUIREMOS LUCHANDO EN LAS CALLES


El oficialismo ha presentado dos proyectos de ley para restringir la protesta social. Al promovido por el diputado del FpV chaqueño, Juan Manuel Pedrini, denominado “Ley de convivencia en manifestaciones públicas”, se le suma el más reciente de las diputadas Diana Conti del FpV y Alicia Comelli del MPN (partido de Sobisch y Sapag): “Mediación obligatoria frente a los conflictos sociales”. Ambos merecen nuestro más enérgico repudio.
Nuestro compromiso en la lucha contra la criminalización de la protesta se profundiza hoy, cuando el gobierno propone proyectos de ley para limitar el derecho a manifestarse. El primero de los proyectos, que tiene al Ministerio de Seguridad como autoridad de aplicación, clasifica a las protestas en "legítimas" e "ilegítimas" y exige una notificación de 48 hs. ante la autoridad policial para realizar una manifestación. Además determina que deberá indicarse el lugar, tiempo estimado y objeto de la protesta, y designar un delegado. Si se considera que una manifestación es ilegítima y que afecta derechos de terceros puede ser dispersada por las fuerzas de seguridad en el momento. El segundo proyecto mantiene como finalidad avanzar sobre la protesta y reducir su alcance o bien desalojar los cortes de calles, pero propone algunos cambios de forma en su aplicación. Mientras hace extensivo el marco de intervención a ocupaciones de fábricas o edificios públicos, también prevé que la mediación quede a cargo del Ministerio de Justicia, aunque se explicita que el Ejecutivo puede solicitar la intervención de otros ministerios, lo que incluye al de Seguridad.
En los últimos años la criminalización de la protesta ha aumentado exponencialmente. Actualmente hay más de 5.000 causas judiciales en Argentina contra luchadores populares, cuyo delito ha sido reclamar condiciones dignas de trabajo, vivienda, salud, educación, un medio ambiente sano. Todos derechos fundamentales de los seres humanos. Durante el gobierno kirchnerista, con la militarización en los barrios a través de gendarmería, la policía y prefectura, se produjeron 2.400 asesinatos por gatillo fácil. La represión crece, a la par de la inflación y el ajuste, con el asesinato de 21 compañeros en las movilizaciones, con la condena a perpetua de los trabajadores de Las Heras. Son solo algunos ejemplos de cómo el pueblo trabajador es atacado por un sistema político y judicial que garantiza los privilegios de unos pocos frente a las necesidades de la mayoría.
En el segundo proyecto de ley antes mencionado, y como eventual “concesión” al progresismo, se menciona una amnistía para los luchadores sociales que abarcaría a los procesados entre el 10 de diciembre de 2001 y la fecha de sanción de dicho proyecto como ley, exceptuando “casos de homicidio, lesiones graves o cualquier otro que implique el ejercicio directo de violencia física sobre las personas”. Esta salvedad, por un lado, deja afuera a una gran cantidad de procesados con carátulas que exceden ampliamente las acciones realizadas en las protestas y nada resuelve acerca de los luchadores sociales perjudicados por verdaderos montajes judiciales, como en el caso de los petroleros de Las Heras condenados por asesinato sin ningún tipo de pruebas. Por otro lado, esta pseudo-amnistía aparece luego de las numerosas críticas desatadas incluso al interior del kirchnerismo ante el primero de los proyectos presentados. Además, como es lógico, nada garantiza que los miles de procesados desde 2001 a la fecha no sean reemplazados por otros tantos a partir de la aplicación de ésta u otras leyes represivas.
Consecuentemente con la sanción de la Ley Antiterrorista, la designación de Sergio Berni, el nombramiento de César Milani como Jefe de las Fuerzas Armadas, el "Proyecto X", entre otras medidas “nacionales y populares”, el gobierno nacional presenta estos nuevos proyectos, en medio de un creciente auge de las protestas sociales, persistiendo en su intento por profundizar su criminalización, la persecución ideológica y política.
Por más modificaciones que se les hagan, estos proyectos de ley no buscan más que impedir que nos organicemos y salgamos a las calles a luchar por nuestros derechos. Por ello, debemos unir todas nuestras fuerzas para decir NO a la Ley Antiprotesta. Porque seguiremos luchando por nuestros derechos y por construir un mundo realmente justo.

. NO A LA CRIMINALIZACIÓN DE LA PROTESTA
. LIBERTAD A LOS PRESOS POR LUCHAR
.CIERRE DE LAS CAUSAS Y ANULACIÓN DE LAS CONDENAS A LOS LUCHADORES POPULARES PROCESADOS
. ABSOLUCIÓN DE LOS PETROLEROS DE LAS HERAS
.UNIDAD DE LAS ORGANIZACIONES POLÍTICAS, SINDICALES, DE DERECHOS HUMANOS, ESTUDIANTILES Y SOCIALES

 
El martes 29 de abril, a las 13 hs, movilizamos frente al anexo del Congreso Nacional, junto al Encuentro Memoria Verdad y Justicia para acompañar la presentación de la LEY CONTRA LA CRIMINALIZACIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL, para que se cierren todas las causas penales iniciadas por participar en protestas, manifestaciones o cualquier otra forma de lucha.
 
27-04-14 // AGRUPACIÓN HOMBRE NUEVO

viernes, 18 de abril de 2014

Ediciones La Llamarada





Próxima publicación: 

AGUSTÍN TOSCO. LA CLASE REVOLUCIONARIA
Nicolás I. Carrera
María I. Grau
Analía Martí



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martes, 8 de abril de 2014

Ante el paro nacional del 10 de Abril convocado por las CGTs y CTA opositoras


POR UNA JORNADA ACTIVA DE LUCHA
POR UNA AGENDA PROPIA DE LOS TRABAJADORES:
INDEPENDIENTE DE LA BUROCRACIA,
LOS POLÍTICOS PATRONALES Y LOS EMPRESARIOS

Tras meses de esconder la cabeza, el ala de la burocracia sindical ubicada en la “oposición” da señales de vida. Hugo Moyano, titular de la CGT Azopardo, y Luis Barrionuevo, representante de la CGT Azul y Blanca, anunciaron el segundo paro nacional de la década kirchnerista para el próximo 10 de abril. A esta medida se sumaron la CTA de Pablo Micheli y algunos gremios enrolados en la CGT Balcarce de Antonio Caló, como la UTA y La Fraternidad.
El paro se da en un contexto económico complejo signado por el ajuste contra el pueblo trabajador. La brusca devaluación de la moneda, que acumula el 60% en los últimos doce meses, implicó una fenomenal transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia diferentes fracciones del empresariado, los terratenientes y diversos sectores de los capitalistas. El escenario incluye la aplicación de tarifazos en el transporte, el agua y el gas y, prontamente, en las tarifas eléctricas. Además, se intenta imponer un techo para los sueldos en medio de una inflación que no para de crecer -con proyecciones de más de un 40% para este año- y que tiene un impacto directo en la caída del salario real... En esta situación, que se ha acelerado desde inicios de este año, la burocracia sindical se debate en dos posiciones: de un lado, los líderes sindicales obsecuentes con el gobierno, como Caló, Yasky o el delator de militantes Gerardo Martínez salen a frenar cualquier intento de paro, disciplinados al gobierno nacional. Por el otro, el ala de la burocracia que se planta desde la “oposición”, e intenta acumular electoralmente para eventual recambio que favorezca a sus variantes patronales, sale -muy tarde- a convocar a un paro completamente dominguero, aislado de las luchas como la que emprendieron los docentes bonaerenses durante 17 días. Diferenciándose de quienes concebimos los paros como acciones de movilización y participación, Carlos Acuña, referente del gremio de trabajadores de estaciones de servicio, expresó en forma elocuente la perspectiva del paro de la burocracia "Será un paro, paro. Sin piquetes ni movilizaciones. Si existen los cortes, no tendrán nada que ver con la CGT".
El pliego general de reivindicaciones incluye reclamos sentidos de la clase trabajadora como paritarias libres, la derogación del impuesto al salario, un urgente aumento a los jubilados, la lucha contra la destrucción del poder adquisitivo de los salarios a causa de la inflación. Pero también posee el añadido del reclamo por la inseguridad y el narcotráfico: con él, los burócratas realizan un claro guiño a la oposición patronal al gobierno kirchnerista; a los Massa, Macri, de la Sota y Binner, todos ellos sostenedores del mismo programa de ajuste y represión del gobierno, pero con variantes aún más conservadoras.

Por todo esto, es fundamental este 10 de abril instalar una agenda que sea reflejo de los verdaderos intereses de los trabajadores y no de las clases dominantes, a la vez que demarcar un perfil propio del reclamo, ganando las calles para  disputar el carácter del paro: la pelea contra el ajuste, pero desde una visión que defienda los intereses objetivos de la clase trabajadora y su independencia política de los patrones.  
Con el envión de la lucha docente
Este paro nacional llega también a pocos días del cierre de la paritaria docente en la provincia de Buenos Aires, negociación que se vio marcada por la participación en distintas instancias de lucha, de decenas de miles de trabajadores de la educación. La histórica huelga de 17 días de los docentes bonaerenses mostró que con decisión y unidad se logró sortear presiones judiciales, políticas, mediáticas, rompiendo el techo salarial del 23 % que el gobierno quería imponer a los docentes como caso testigo para el resto de la clase trabajadora. El apoyo y solidaridad del conjunto de la clase trabajadora, que bien sabía que “si ganan los docentes, ganamos todos los trabajadores”, fue otro elemento clave de esta lucha. Además de la acuciante demanda salarial los docentes pusieron en agenda otros problemas centrales del modelo educativo, tales como el financiamiento, infraestructura, el presupuesto educativo y la propia función de la escuela.
A todos los trabajadores nos queda la enseñanza de cómo durante los 17 días de paro se logró, por la presión de las bases, embretar a la burocracia siempre bien dispuesta funcionar como dique de contención. Resultó clave el impulso dado a la lucha por parte de las 9 seccionales opositoras recuperadas del SUTEBA y por las asambleas abiertas  de autoconvocados, en aquellos distritos en los que todavía dirige la burocracia Celeste de Baradel.
A pesar de que las conducciones sindicales se apresuraron a cerrar el conflicto con un aumento salarial que está muy lejos de la canasta familiar, hay un triunfo político de los docentes, un saldo organizativo, de experiencia y de conciencia en una importante cantidad de trabajadores que han sido protagonistas de una lucha histórica.

Nos sobran los motivos
El gobierno continúa en la búsqueda de acuerdos con el capital financiero. Pretende agregar al pago de 11.000 millones de dólares a Repsol, arreglos análogos con el CIADI, el Banco Mundial y el Club de París. Con el objetivo de “destrabar el financiamiento externo” y mejorar la tasa de ganancia de la burguesía, el gobierno que pone techo a los salarios se dispone a descargar sobre nuestras espaldas el costo de pagar millones de dólares en concepto de intereses y capital.
Los empresarios y los políticos patronales, con complicidad de la burocracia sindical, tienen un programa económico común: ajustar y hacernos pagar los platos rotos de una crisis que no generamos nosotros.
A los trabajadores nos sobran los motivos para luchar. Por esto, este 10 de abril desde la Agrupación Hombre Nuevo apostamos a  que entre todos los sectores combativos y anti-burocráticos transformemos este paro, que la burocracia pretende que sea un hecho dominguero, en una jornada activa de lucha que haga pública una agenda de reivindicaciones independiente de los patrones, el Estado y la burocracia:

·        Plan de lucha nacional en unidad con todos los sectores de los trabajadores para enfrentar el ajuste.
·        Recuperación de los sindicatos para la lucha, con unidad y organización e independencia política.
·        Por salario igual a la canasta familiar.
·        Basta de precarización laboral, despidos y suspensiones.
·        No a la criminalización de la protesta social
·        Por la absolución de los petroleros de las Heras y por el desprocesamiento de todos los luchadores populares.



Agrupación Hombre Nuevo  -  08/04/14

viernes, 21 de marzo de 2014

El conflicto estalla en todo el país
Cuando los docentes enseñan luchando

Decenas de miles de trabajadores de la educación llenaron las calles de La Plata. La huelga, con un alto componente de participación desde abajo, marca el camino para enfrentar al ajuste en curso. En la lucha de los docentes se juega buena parte de la suerte que corra la conflictividad salarial.


La embestida del gobierno nacional para descargar la crisis sobre nuestras espaldas se enmarca en la devaluación de la moneda y el aceleramiento inflacionario que impactan directamente sobre nuestros depreciados salarios. Estas medidas protegen la tasa de ganancia de los empresarios, verdaderos “ganadores” del modelo. Para culminar este plan de ajuste intentan imponer un techo a las paritarias. El gobierno nacional y los gobernadores provinciales rápidamente acordaron acerca del carácter ejemplificador de la paritaria docente, que funciona como caso testigo para gran parte del resto de las negociaciones salariales. La oposición patronal, en el mejor de los casos hace un silencio de radio, aunque la mayor parte de la dirigencia política ha condenado la “irresponsabilidad” de los trabajadores docentes que están realizando las huelgas.
Al ser una paritaria testigo, el gobierno posee particular interés en que los reclamos docentes no triunfen. Dos de las figuras principales del actual gabinete nacional, Capitanich y Kicillof, fueron los elegidos para ocupar el rol de operadores ofreciendo como piso el 22% en tres tramos, y agregando provocativamente y como distractor, que corre el eje del debate, la discusión sobre el “presentismo”. A este primer anuncio, siguieron ofrecimientos provinciales muy por debajo de la inflación anual estimada. Tan solo en lo que va del año la inflación reconocida por el nuevo índice de precios es del 7,4 % y la perspectiva es que se incremente.
La respuesta de los trabajadores de la educación se despliega con contundencia. Hoy, a tres semanas del inicio lectivo, 15 provincias se mantienen en conflicto con diferente nivel de intensidad, con paros escalonados o intercalados con un regreso a las escuelas en los casos de Catamarca, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, La Rioja, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Salta, San Juan y Tierra del Fuego, con cortes de rutas (que recibieron la represión policial) en Misiones llevados a cabo por algunos sectores gremiales como el Movimiento Pedagógico de Liberación y la Udnam. Además, hay dos provincias que aún no han comenzado las clases: Chubut y Buenos Aires.
La conducción Celeste de CTERA no puede ocultar sus compromisos con el gobierno nacional. Con un discurso que exalta la autonomía sindical, no deja de quedar en evidencia que en sus intervenciones nunca mencionan la responsabilidad del gobierno nacional en el intento de aleccionar  las protestas sindicales y sociales. Tal es así, que todavía no se ha realizado ninguna medida que unificando los reclamos a nivel nacional señale con firmeza la responsabilidad del gobierno central. La educación es un problema nacional que requiere medidas nacionales. La burocracia de CTERA parece no estar dispuesta a tomarlas.
Buenos Aires, el epicentro del conflicto

La huelga docente en la provincia de Buenos Aires transita su tercera semana. Por la intensidad del conflicto se ha convertido en una de las luchas más importantes del sector en la última década, solo por detrás de las luchas de Santa Cruz del 2007 y 2011, y de Neuquén en 2010 y 2013, pero con mucha mayor capacidad de resonancia.
La muy escasa propuesta del gobierno de un aumento del 30,9% para los maestros de grado (aumento que afecta al 20% del total) y de un 21% a 23% para el resto, todo en dos tramos, está muy lejos del aún insuficiente reclamo el Frente Gremial Docente Bonaerense de un 35%. Desde varias seccionales y entidades opositoras, reunidas recientemente en el encuentro Nacional Docente, y calculando el costo de la canasta familiar, se sostiene la necesidad de un aumento que lleve a que ningún docente gane menos de $9.000.
Un salario que siempre corre a la pobreza desde atrás

Hace ya varios años que el salario docente, uno de los más bajos si tomamos en cuenta a los sectores del trabajo formal, viene siendo erosionado por los crecientes índices de inflación, llegando a la “paradójica” situación de que el salario inicial, de $3.417 ha quedado por debajo del ya escaso salario mínimo vital y móvil. Sin dudas,  la responsabilidad de esta situación es compartida por el gobierno nacional, los gobiernos provinciales y las conducciones burocráticas de los diferentes sindicatos, principalmente la lista Celeste del SUTEBA, que, lejos de preocuparse por los salarios, las condiciones laborales y la situación de la escuela pública en general, se esfuerza por utilizar al sindicato como herramienta de disputa política, y practicar un seguidismo ciego al gobierno kirchnerista.  El SUTEBA provincial se ha convertido un sindicato cada vez más burocratizado, con escasos o casi inexistentes espacios de democracia interna, con importantes desafiliaciones en toda la provincia como contrapartida de la pauperización del salario docente y la educación pública.
Varios son los factores que en la actualidad llevan a la burocracia Celeste a mantener el paro por tiempo indeterminado. Si por su dirigencia fuera, ya hubieran cerrado el conflicto hace tiempo para salvaguardar sus compromisos políticos. Pero el crecimiento logrado por la izquierda dentro del sindicato a partir de las elecciones del año pasado, que llevó a la Lista Multicolor a conducir 9 seccionales en la provincia (varias de ellas claves, cómo la Matanza o La Plata), la presiones internas dentro del propio Frente Gremial y la presión por fuera que ejerce UDOCBA, son elementos clave que impiden que la conducción de Baradel entregue la lucha una vez más como ya lo ha hecho muchas veces antes.
La gran novedad es el despliegue de fuerzas con cierta autonomía y relativamente espontáneas, en muchos casos, fuerzas dinámicas de las bases docentes que bajo el nombre de Docentes Autoconvocados, congregan a docentes afiliados, no afiliados, desafiliados, y en algunos casos auxiliares, que  organizan masivas asambleas, movilizaciones y actividades distritales, sacando el conflicto a las calles. Estas experiencias, que en muchos casos lograron desbordar los mecanismos de contención de las conducciones sindicales muy desprestigiadas, dan cuenta de la situación de descontento ante la pérdida del salario, el ataque claro por parte del gobierno, pero también ponen en agenda consignas que refieren a las condiciones laborales y de enseñanza y aprendizaje. Se evidencia un hartazgo por el no reconocimiento de la tarea docente y los ataques permanentes de funcionarios y periodistas que tienen ingresos muy superiores a los de cualquier docente y que conocen las escuelas públicas sólo por fotos.  
La Necesidad de profundizar la lucha y de recuperar el  SUTEBA

Desde Hombre Nuevo creemos que se debe profundizar la lucha para obtener el triunfo, las condiciones de participación y movilización de la docencia indican que la victoria es posible; es necesario trabajar sobre la democracia de base y transformar el paro “pasivo” en un paro activo, debemos realizar asambleas en las escuelas donde puedan participar todos los compañeros, afiliados y no afiliados, invitar a compañeros de otros gremios, sumar a padres y alumnos, para que la lucha sea de todo el pueblo, debemos estar activos, colocar la estructura del sindicato en pos de realizar actividades diarias de difusión, movilización y lucha y no debe temblarnos el pulso si es necesarios radicalizar la protesta.
Al mismo tiempo debemos denunciar que el objetivo del FGDB es insuficiente. El 35% no alcanza, para recomponer lo perdido por nuestro salario durante años. Debemos luchar por un salario igual a la canasta familiar, porque se mejore sustancialmente el salario básico, por mayor infraestructura y por más escuelas públicas, por el funcionamiento del IOMA, por el fin de los susidios a las escuelas privadas. ¡Es mentira que no hay plata! La plata se usa para pagar la ilegítima y fraudulenta deuda externa, para las indemnizaciones a Repsol, o se utilizó para aumentarle hasta un 50% los sueldos al aparato represivo cuando se acuarteló. ¿Por qué no se aplica una reforma tributaria que grave las ganancias de aquellos que, como lo afirmó la presidenta, se la “llevan en pala”? Por otra parte sostenemos que la discusión de los números debe ir ligada a la necesidad de implementar un presupuesto único y nacional, y no que dependa de las variadas arcas provinciales. Al mejor estilo noventista este gobierno sostiene la descentralización del presupuesto educativo.
Por otro lado sabemos que mientras esta conducción, burocrática y adicta al gobierno, continúe dirigiendo los destinos del SUTEBA, no se podrá lograr que cumpla su función de herramienta de lucha para los trabajadores. Por eso también es necesario aportar a las construcciones de oposición, desde abajo y a la izquierda para hacer del sindicato, realmente una herramienta de lucha para nuestra clase.

Es preciso seguir en la calle para que la burocracia no pueda bajarse del plan de lucha. 

Por un salario igual a la canasta familiar.
Si triunfa la lucha docente, ganamos todos los trabajadores.
Agrupación Hombre Nuevo – 22 de marzo de 2014

jueves, 20 de marzo de 2014

Ni olvido ni perdón

Adelanto de La Llamarada Nº18
Editorial



Ni olvido ni perdón

En el año 2002, el Congreso creó el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Había pasado apenas unas semanas de que cayeran asesinados los compañeros Darío y Maxi en el Puente Pueyrredón. Tres años después, durante el gobierno de Néstor Kirchner, se instituyó como día no laborable. Toda institucionalización de la historia implica un recorte, una drástica amputación de sus causas, de sus actores, de sus continuidades por parte de quienes le dan entidad oficial. La memoria que se escribe en el escueto decreto por el cual se conmemora esta fecha, no es ni de lejos la memoria viva y presente de los luchadores, militantes y compañeros desaparecidos durante la dictadura de Videla. Nuestra memoria, no viene -en forma de ley burguesa- a reemplazar las luchas por una patria sin explotados ni explotadores, no esconde las insignias rojas de los caídos, no escinde las esperanzas por librarse de las opresiones de ayer y de hoy, porque son opresiones de una misma raíz.

Nuestra memoria de hoy no acepta la integración del ejército a la sociedad, ni cree en los disfraces de los Jefes y Generales, ahora supuestamente bien educados en materia de derechos humanos. Nuestra memoria, como la tierra, lleva en sus surcos todos los gestos de la humanidad. Es un registro ético que repudia cualquier intento de integración a los gobiernos que hostigan al pueblo.



Un ejército que tiene aún la potestad para resguardar los archivos secretos con los paraderos de los hijos, con la ubicación de las fosas, con la información sobre los responsables de detenciones y desapariciones, es un ejército que no defiende ni podrá defender al pueblo trabajador, ni buscar la verdad, ni buscar la justicia. Nuestra memoria rechaza de plano el nombramiento de César Milani como Jefe de las Fuerzas Armadas, como lo han rechazado los organismos de DD.HH. por estar vinculado al Operativo Independencia en Tucumán, por las detenciones de Ramón Olivera y de su padre, por la desaparición de Alberto Ledo y las torturas a Oscar Schaller en La Rioja. Repudia cualquier intento de conciliación por parte de los organismos que han bajado sus banderas de lucha de antaño y sugieren, desde una perspectiva del buen gusto, que el ejército “urbanice las villas miserias”. El mismo ejército que entraba derribando puertas a chuparse compañeros, no puede, ni debe construir una sola casa en ningún barrio. Eso es lavarle la cara, y dejar de pedir lo que hay que pedir, con claridad y con firmeza: juicio y castigo para todos los represores, de ayer y de hoy.

Esta apuesta del kirchnerismo hacia la integración social de las fuerzas armadas se da en un contexto de crisis económica y política que afecta la vida de millones de trabajadores. La imagen del ejército colaborando junto a los soldados de Cristina en las inundaciones sufridas en 2013 en La Plata, dan muestra de estos intentos que insultan la memoria de aquellos que en esa misma ciudad se partieron el lomo solidarizándose sin la venia del gobierno nacional, aquellos que pusimos nuestro salario y nuestros brazos sin una pizca de caridad y que no nos olvidamos de que las tragedias naturales las paga el pueblo cuando no las previenen los gobiernos. 

Las medidas entorno a la represión o la represión misma, enmarcada en la crisis del capital, en la futura transición de gobierno que resguarda sobre todo los intereses de los grandes ganadores cuidados, se ha cristalizado en figuritas como la de Sergio Berni, cuyo prontuario merece un asco digno e incontenible. El karateka, ex Teniente Coronel del ejército, la cara visible de las políticas de seguridad nacionales en medio de un creciente auge de las protestas sociales, como nunca se habían desarrollado en el decenio K, comenzó su carrera como buchón de los mineros que tomaron los socavones de la empresa YCRT en Río Turbio, por el año 1994. Alicia Kirchner fue quien lo trajo a la Ciudad en 2003 para incorporarlo al Ministerio de Desarrollo, y lo puso al mando de una oficina que tenía por objetivo desarticular al movimiento piquetero, con amenazas, informes de inteligencia, o maniobras y prebendas. En 2010 fue quien comandó a la Gendarmería en el Parque Indoamericano, después de los asesinatos perpetrados por la Federal y la Metropolitana. “Los conflictos no se negocian”, es el lema de este instructor de artes marciales que reprimió y detuvo a más de 60 compañeros en Campo de Mayo, en agosto de 2012, y el mismo que estuvo a cargo de la represión del 27 de febrero último en los cortes en de la General Paz y de la Panamericana, exhortando a la justicia “a dar respuestas” contra la “manga de inadaptados” y “delincuentes”.

La represión crece al ritmo parejo de la inflación y el ajuste, y los personajes como Berni son la bandera del mismo gobierno que año atrás se ufanaba de no reprimir la protesta social. El mismo dadivoso gobierno que nos “presta” la Plaza de Mayo para protestar, mientras sobre condena a los condenados petroleros de Las Heras. El mismo que apunta contra todos los trabajadores cuando apunta contra Las Heras, y sanciona y delimita las protestas “justas” que a esta altura se restringen a un twitteo de denuncia contra los remarcadores de precios, y condena a todo aquel que ose cortar una calle, una ruta o hacer paro. A la par, en los despachos, se preparan las baterías de medidas legislativas para recortar el derecho a manifestarse en las calles: “Vamos a tener que sacar una normativa relativa a la convivencia ciudadana porque no puede ser que 10 personas te corten una calle y no pase nada”, anunciaba Cristina Fernández en la reciente apertura de las sesiones del Senado.

Esta memoria de la que somos parte, no tiene en sus tejidos un solo punto que justifique la supresión de este derecho de los trabajadores y del pueblo. Los compañeros que en los 70 lucharon contra el capitalismo, contra el imperialismo y contra la represión, no encajan en el discurso de la conciliación ni en el mensaje disciplinante del gobierno. No son más que una contradicción y un verdadero retorcijón político para los acostumbrados estómagos del progresismo a dieta de sapos cada vez más gruesos. En síntesis, la fachada se viene abajo, el modelo se desarma.

Así como recortan la memoria del 24 de marzo, lo mismo mutilan las enseñanzas de las jornadas del 19 y el 20 de diciembre. Unidos y Organizados, en las puertas de los tribunales, piden una justicia sobre un hecho histórico que es para ellos no más que un punto estático en la lucha de clases (advertencia: lo de lucha de clases va por cuenta nuestra). El modelo -que se descascara- en su discurso y lectura sólo toma ese momento en la historia de nuestro pueblo como un cuco, como el pasado que “superamos” y al que “no queremos volver”. No hacen referencia a la valentía de aquellos que le pusieron el pecho a los gases, que aguantaron horas y horas de represión, que vieron caer compañeros, hermanos, padres en manos de la policía. El gobierno ve en aquellos días solamente “caos”. No estamos cercanos a pensar que el 2014 es un reflejo de aquel 2001, sería una falta total de precisión histórica y análisis coyuntural de nuestra parte. Sólo queremos apuntar las contradicciones entre el creciente endurecimiento de la contención represiva de la protesta y la “encendida” militancia de las organizaciones kirchneristas que piden una justicia por los hechos de aquel diciembre. Para que nos entendamos: el gas lacrimógeno vencido que inhalamos aquella vez, tiene aun el mismo sabor.
Ante un nuevo aniversario del golpe, junto a la memoria de los 30.000 compañeros que pelearon por una patria sin hambre, sin pobreza, sin dueños, contra la judicialización de la protesta, contra la persecución actual de los luchadores sociales y políticos, porque las injusticias de ayer tienen su núcleo en las mismas relaciones de explotación actuales, porque las banderas rojas siguen molestando a los ojos de los patrones, porque no sea en vano la muerte y la vida de esos miles de compañeros y compañeras: no perdonamos, no nos reconciliamos, y nunca olvidamos.

sábado, 15 de marzo de 2014

Entrevista al politólogo Franck Gaudichaud


Entrevista al politólogo Franck Gaudichaud
“El debate hoy es cómo frenar la violenta ofensiva de la
derecha neoliberal”



Revista La Llamarada


Venezuela se debate entre los intentos desestabilizadores de la derecha, los límites propios del proceso bolivariano y la posibilidad de que sea la clase trabajadora y el movimiento popular los que hagan avanzar un proyecto no exento de tensiones y contradicciones.
Entrevista a Franck Gaudichaud, miembro del equipo editorial de Rebelión.org, doctor en Ciencia Política y autor de varios libros sobre América Latina, con una investigación -dirigida por Michael Löwy- sobre Poder Popular y Cordones Industriales bajo el gobierno de Allende en Chile (1970 -1973).

¿Cómo caracterizas la situación actual en Venezuela? ¿Qué es lo que se dirime allí?

Franck Gaudichaud: Como punto de partida, hay que reconocer que estamos en medio de una tremenda guerra mediática global en contra del proceso bolivariano. Por eso es fundamental crear espacios de contrainformación. Para comenzar, frente a tanta desinformación, hay que volver a subrayar que el proceso bolivariano es un proceso de largo plazo de amplias conquistas sociales (salud, educación, reducción de la desigualad), democratización (nueva Constitución), de creciente empoderamiento e inclusión política de las clases populares, en una relación muy tensa con el líder carismático que ha sido Chávez. También que este proceso ha sido clave en la constitución de nuevas soberanías nacional-populares y en la creación del ALBA, UNASUR y CELAC. Así que un importante retroceso en Venezuela y el regreso del neoliberalismo en ese país tendrían importantes e inmediatos efectos colaterales en toda la región. Todo esto parece obvio, pero es indispensable subrayar lo esencial y las relaciones de fuerzas geopolíticas en momentos en que los medios de comunicación dominantes -y la oposición venezolana- hablan de “dictadura castro-comunista” y de “genocidio en Venezuela…
La situación actual es sumamente tensa debido a que el sector más reaccionario de la oposición apostó a la violencia y la desestabilización desde la calle.  En tal contexto, hay una tendencia dentro de las filas de las izquierdas a descomplejizar nuestro entendimiento de la coyuntura, diciendo que se está contra el imperialismo o a favor del golpe de estado “fascista”. Esta lectura binaria me parece nefasta. Por supuesto, hay que denunciar y oponerse de manera unitaria a la intentona “insurreccional” de la derecha. Sabemos que los EE.UU. tienen claros intereses geopolíticos en esta desestabilización; los lazos entre los “Halcones” de Washington y la fracción de la oposición encabezada por Leopoldo López en Venezuela, no son una teoría de complot, sino información objetiva. También hay una intervención real desde Colombia y el “uribismo”, así como incursiones paramilitares, sobre todo en el estado fronterizo de Táchira. Estos elementos son importantes. Ahora, ¿estamos ante un golpe de estado, estilo abril de 2002? Se puede hablar de “fascismo”, sin con ello conseguir definir la dinámica de la oposición al chavismo. Yo creo que no: primero porque las relaciones de fuerza reales son distintas a 2002. El estado mayor y las Fuerzas Armadas apoyan claramente al gobierno, sin fisura por ahora; la gran burguesía no apuesta a la violencia y a una salida extraconstitucional. Fedecámaras y los principales patrones (como Mendoza de la Polar) participaron de la conferencia de paz con Maduro y condenaron la violencia en las calles. Es decir, los elementos claves de la coyuntura de abril de 2002, no están al día en la coyuntura actual. Eso sí, hay un sector de la derecha en torno a Leopoldo López que apuesta claramente a la violencia callejera, haciendo un llamado a derrocar a Maduro. Y lo preocupante: este sector logró movilizaciones muy importantes. En el estado de Táchira, en Mérida con el movimiento estudiantil, pero también en las calles de Caracas. Es cierto que los participantes de esas movilizaciones provienen esencialmente desde los barrios altos, desde la clase alta, media alta pero también de clase media ya no tan alta. Sectores violentos de la derecha están ganando espacio en la sociedad, haciendo uso de la violencia en contra de trabajadores y militantes barriales, edificando barricadas (las “guarimbas”): son responsables de la gran mayoría de los asesinatos de las últimas semanas. La oposición neoliberal está parcialmente fragmentada, pero a la vez cada uno ocupa su papel en contra del proceso: desde Henrique Capriles o COPEI (Comité de Organización Política Electoral Independiente), que dicen apostar al diálogo después de sucesivas derrotas electorales hasta partidos comoVoluntad Popular de Leopoldo López o como la asociación Súmate y la diputada María Corina Machado, que apuestan a crear un clima semi-insurreccional, sin esperar las próximas elecciones. Algunos analistas como Ignacio Ramonet han destacado la existencia de un “golpe de Estado lento”, basado en las teorías de desestabilización de Gene Sharp.
Pero, yo creo que desde la izquierda anticapitalista, el tema clave no es solo denunciar todo eso, sino también seguir pensando “abajo y a la izquierda” para entender -de manera crítica y dialéctica- cuáles son los elementos dentro del propio espacio del chavismo que permiten que se exprese tanto descontento en varios estratos de la sociedad, y no solo desde parte del movimiento estudiantil. En este sentido, tenemos que indagar también las contradicciones y debilidades de la “revolución bolivariana” y escuchar las voces críticas del movimiento popular y revolucionario dentro y fuera del chavismo. En Rebelión hemos publicado también varios autores venezolanos que van en esa dirección: Roland Denis, Simón Rodríguez P., Javier Biardeau, Gonzalo Gómez, etc.

¿Cuáles son esas principales debilidades propias del chavismo?

Primero habría que diferenciar el chavismo gubernamental del pueblo trabajador bolivariano. Yo entiendo que hay tensiones ahí, sobre todo a un año de la partida de Hugo Chávez que fue un gestor central del proceso, capaz de oscilar entre lo vertical del líder y la horizontalidad de la participación popular. En la era del “chavismo sin Chávez”, Maduro tiene la legitimidad democrático-electoral: ganó la elección presidencial, de manera justa, y las municipales confirmaron esa nueva victoria bolivariana en las urnas (con 17 victorias sobre 18 elecciones). Pero Maduro no tiene el liderazgo carismático de Chávez, mientras, al mismo tiempo hay una degradación económica acelerada. Por supuesto, se habla mucho de inseguridad, la derecha en particular, pero representa también una gran preocupación diaria para las clases populares. Es en el plano económico donde afloran más los problemas últimamente: el Banco Central de Venezuela reconoce un desabastecimiento a una altura del 28% de los productos y una inflación de 56% en el 2013 que corroe los salarios de los trabajadores. La mala gestión económica y del tipo de cambio refuerza la especulación, el mercado negro y al acaparamiento por parte de la burguesía compradore a una escala mayor. Algunos economistas marxistas como Manuel Sutherland o Víctor Álvarez hablan de la fuga de capitales más grande de América del Sur. Son varios “planes Marshal” que se fugan así hacia Miami. Es cierto, la inflación y el desabastecimiento son producto de la ofensiva de las clases dominantes, pero también de una política económica ineficiente. La corrupción es otro tema de fondo después de 15 años de proceso bolivariano: ¿cómo pretender construir “socialismo del siglo XXI” en esas condiciones de corrupción burocrática? Frente a las dimensiones del fenómeno, ligado al modelo del capitalismo petro-rentista todavía hegemónico[i], no basta con tener un ministerio del “poder popular”… No veo otra solución que crear fiscalización desde abajo, democracia participativa y consejos de trabajadores, reforzar los consejos comunales existentes. En caso contrario, ¿cómo parar durablemente la ofensiva de la derecha? ¿Con diálogo y paz con los sectores patronales, con la Mesa de Unidad Democrática, con Cisneros y la boliburguesía? Por otra parte, recordemos la impunidad hasta hoy para los responsables del golpe de abril de 2002 o de los asesinatos de abril de 2013. También es muy preocupante la impunidad frente al sicariato anti-sindical que existe en el país, los niveles de represión en contra de algunas huelgas obreras o la creciente militarización de algunos territorios (lo que provocó malestar y distanciamiento público por parte del gobernador bolivariano del estado de Tachira). En estos días, el presidente Maduro y la fiscalía han reconocido la responsabilidad de la guardia nacional y de la policía bolivariana en la muerte y maltrato a varios manifestantes, ojala eso no quede impune, porque el Estado tiene que ser el garante de los derechos fundamentales.

Te referiste críticamente al camino que se está tomando desde el gobierno para frenar la ofensiva de la derecha: ¿Cuál sería, para vos, el camino más efectivo para enfrentar a la derecha?

Sin duda, como lo proponen algunos sectores anticapitalistas venezolanos, la mejor manera de defenderse es la profundización de la revolución y de las conquistas del proceso; es reforzar una visión crítica y popular, independiente de la burocracia o de la boliburguesía, apuntando a un empoderamiento desde abajo. Yo creo que está perfectamente justificado el intento por parte del gobierno de poner paños fríos a la violencia callejera, el llamado al diálogo y a la paz. Ahora, diálogo y paz sí, pero ¿para qué y con quién? Ojalá el diálogo prioritario sea hacia los sectores populares movilizados, los trabajadores organizados que buscan los caminos del poder popular, el campesinado que quiere reforma agraria, el pueblo indígena, junto con más anuncios concretos para mejorar la situación económica. Por supuesto, Maduro ya hizo anuncios frente a la “guerra económica”, pero además de la “ley de precios justos”, positiva, fueron medidas de ajuste y devaluación. Al contrario pequeñas corrientes como Marea Socialista y otras fuera del chavismo (libertarias, marxistas, trotskystas) proponen hacer frente a la derecha neoliberal tomando medidas revolucionarias: por ejemplo, tomar el control del comercio exterior, pero con fiscalización ciudadana (para evitar la corrupción); combatir fuertemente la especulación y centralizar las divisas extranjeras; intervenir el sistema bancario bajo control social para que la renta petrolera ya no sea captada en parte por los acaparadores; apoyar con más decisiones los consejos comunales, la producción nacional de alimentos y un sistema de planificación nacional democrático, etc. Insisto, solo estoy retomando declaraciones de colectivos bolivarianos y anticapitalistas venezolanos. Por cierto avanzar en esta dirección significa también comenzar a pensar las contradicciones internas al movimiento popular, asumir sus debilidades e limitaciones, como también el peso del bonapartismo político presente en el PSUV por ejemplo.

¿Qué analogías y qué diferencias encontrás entre el proceso de Chile durante el gobierno de Allende y el de Venezuela? Más que nada, en función de la relación entre los espacios de organización popular y un Estado que, a pesar de todos los cambios, sigue siendo un Estado capitalista.

Primero, eso me parece esencial: en Venezuela, todavía existe el estado capitalista, aunque con una nueva institucionalidad mucho más democrática. Predomina el capitalismo estatal-rentista y más del 70% del PIB está en manos del sector privado. Ubicarse estratégicamente significa primero saber donde estamos parados. En 1973 en Chile, la Unidad Popular significó como en Venezuela grandes conquistas democráticas, sociales, empoderamiento desde abajo, apoyadas además en una clase obrera muy organizada en el plano sindical y político. De hecho, en Venezuela una gran deficiencia es que no se logró construir un movimiento obrero y sindical clasista y democrático, autónomo de la burocracia estatal. Otro elemento interesante de la experiencia chilena es la relación tensa entre movimiento popular y el gobierno Allende. Yo estudié los cordones industriales[ii] como organismos sui generis de poder popular y, en varios momentos, los cordones fueron capaces de pararse frente a Allende y reclamar medidas revolucionarias. Otro punto de debate es justamente hasta qué punto podemos confiar en la institucionalidad, en la posibilidad de “usar” el Estado para reformar desde arriba la sociedad: es decir, si construimos socialismo desde el estado o si construimos socialismo desde el poder popular constituyente, el control obrero y la participación ciudadana. Cuando en Venezuela, por ejemplo, experiencias de cogestión como en Sidor han sido rápidamente ahogadas. Lo mismo con el complicadísimo  tema de la violencia política, del papel del imperialismo y de las FFAA: lo cierto es que en Venezuela, a diferencia de la vía chilena, se ha pensado el proceso como “pacífico pero armado”. Hay en Venezuela una dinámica cívico-militar bien diferente de la experiencia chilena. Más allá de eso, la “revolución bolivariana” actualiza un debate pendiente de la Unidad Popular: ¿qué podemos hacer con el Estado y con qué tipo de Estado? ¿Hasta qué punto el gobierno, las elecciones, son una herramienta de conquista democrática y cómo apoyarse decididamente en formas de poder popular para avanzar? ¿Cómo enfrentar desde la mejor relación de fuerza posible a las derechas y el imperialismo?


[i] Ver: F. Gaudichaud, “Las tensiones del proceso bolivariano: nacionalismo popular, conquistas sociales y capitalismo rentista”, Rebelión, dic. 2012, www.rebelion.org/noticia.php?id=160554.
[ii] Ver: F. Gaudichaud, Poder popular y cordones industriales en Chile, Santiago, LOM, 2004.

Valeria Ianni es historiadora argentina, integrante del colectivo "Hombre Nuevo":